cultura

Charles Chaplin, un genio políticamente comprometido

En sus películas dejó traslucir su mirada del tiempo que le tocó vivir, y en su vida personal mantuvo con altivez sus ideas políticas.

Interés General

21/01/2026 - 00:00hs

En “Tiempos Modernos”, una película de 1936 - que escribió, dirigió y actuó-, Charles Chaplin, pone al descubierto la alienación de los trabajadores por las condiciones penosas en que el capitalismo lo obliga a hacer sus tareas. Enfrenta abiertamente al maquinismo, el fordismo, el sistema que ve en el trabajador una pequeña pieza intercambiable. Chaplin ya había hecho toda la saga de ese personaje de pantalones bombachudos, zapatones, bastón y sombrero hongo que se había ganado el corazón del mundo entero. Podía dedicarse a lo que más le gustaba: enamorarse de chicas bonitas y tener hijos. Pero era un hombre con consciencia política y con ideas. Necesitaba expresar sus convicciones en sus películas.

Ya en sus películas mudas, Carlitos había radiografiado a través del humor las calamidades del capitalismo: el vagabundo expulsado de la sociedad por no poder consumir, los niños pobres, las mujeres que no pueden alimentar a sus hijos, el clasismo y el patriarcalismo en sus versiones extremas.

Defender las convicciones es algo que puede pagarse caro. Charles Chaplin lo supo. Cuando hizo “El gran dictador”, Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Adolf Hitler, dijo: “Chaplin es un pequeño judío despreciable”. Por su parte, en Estados Unidos la animadversión no era menor. Cuando en 1940 se estrenó la película, Estados Unidos no había entrado aún en guerra con Alemania. Por eso en Norteamérica el film no sólo fue considerado imprudente, sino que el Comité de Actividades Antiamericanas presionaba a la fiscalía para que se lo deportara porque “su vida en Hollywood contribuye a destruir la fibra moral de América”. Un senador estadounidense dijo que “el comportamiento de Chaplin se aproximaba peligrosamente a la traición”. El hostigamiento lo acompañó desde entonces y, en 1952 el Fiscal General dio instrucciones para retener al actor y a parte de su familia cuando viajaban a Europa para asistir al estreno de “Monsieur Verdoux” en París, denunciándolo de “pertenecer al Partido Comunista”. Chaplin iba en la cubierta del transatlántico Queen Elizabeth, cuando se enteró por el telegrama de uno de sus productores, que el gobierno de Estados Unidos solo le permitiría regresar al país si se sometía a una investigación de inmigración sobre su carácter moral y político y sus afinidades con organizaciones “subversivas”. Fue entonces que Chaplin decidió divorciarse definitivamente de ese país en el que se había consagrado cinematográficamente, y decidió exiliarse en Suiza, donde residió desde 1953 hasta su muerte.

“El gran dictador” está considerada hoy por muchos críticos como una de las cinco mejores películas de todas las épocas, y una de las miradas más lúcidas e impiadosas sobre el capitalismo. Pero, en su momento, fue criticada con fiereza. En nuestro país, al estrenarse el filma, un artículo de uno de los diarios de más tiraje, señaló que el creador había entrado en la ancianidad -aunque Chaplin no tenía aun en ese momento 50 años-, y terminaba su brulote calificando la película de “Un trabajo deleznable”.

El expediente que el FBI había hecho sobre Charles Chaplin era abultado, y estaba lleno de falsedades e inexactitudes destinadas a satanizarlo. La torpe tarea investigativa fue una suerte de profecía autocumplida. La permanente acusación a Chaplin de ser comunista, hizo que de a poco sus posiciones se fueran corriendo más a la izquierda. En sus memorias, Buster Keaton recuerda un encuentro con Chaplin en Los Ángeles. Keaton lo había invitado a su casa para discutir un proyecto que los tendría a ambos como protagonistas. Mientras bebían cerveza en la cocina, Chaplin comenzó a hablar del comunismo como de un movimiento político que iba a cambiar el mundo, venciendo injusticias atávicas que parecían insuperables. Habló en esa oportunidad –según el testimonio de Keaton- del trabajo esclavo de los niños en las hilanderías y fábricas de los alrededores de Londres, donde había nacido, y señalaba que esa iniquidad sólo podía ser superada con un modo de organización política que garantizara a cada niño educación, un plato de comida, y un techo. Chaplin terminó su diagnóstico diciendo: “Solo el comunismo puede garantizar eso”.

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