Cuando la CGT tuvo un medio periodístico propio
Hacia fines de la década de 1960, el movimiento obrero decidió tener su propio medio de prensa y creó un semanario que fue un ariete contra la dictadura de Onganía.
culturaHacia fines de la década de 1960, el movimiento obrero decidió tener su propio medio de prensa y creó un semanario que fue un ariete contra la dictadura de Onganía.
03/02/2026 - 00:00hs
Eran los años de la dictadura de Juan Carlos Onganía, cuando un puñado de periodistas comprometidos con los intereses de la clase trabajadora pensó que el movimiento obrero debía tener un medio de expresión propio con un estilo de comunicación efectivo. La idea nació de las conversaciones entre Raimundo Ongaro –secretario general del gremio de los trabajadores gráficos- y Rodolfo Walsh –quien ya se había cimentado un sólido nombre con Operación Masacre, Variaciones en rojo, Los oficios terrestres y Un kilo de oro-. El cordobés Agustín Tosco –quien años después sería uno de los protagonistas centrales del Cordobazo- dio de inmediato su apoyo al proyecto.
Entre el 28 y el 30 de marzo de 1968 sesionó el Congreso Normalizador “Amado Olmos” –que llevó ese nombre por un dirigente del gremio de la Sanidad que había fallecido recientemente-, allí se decidió por unanimidad la creación del periódico. El 1º de Mayo de 1968, salió a la calle el primer número del semanario en el que la central obrera hizo público su programa: “La propiedad solo debe existir en función social; los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional, tenemos derecho a intervenir, no solo en la producción, sino en la administración de empresas y distribución de bienes. Los sectores básicos de la economía pertenecen a la Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo, la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos, deben ser nacionalizados. Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos”.
Rodolfo Walsh seleccionó un equipo de redacción en el que figuraban, entre otros, Rogelio García Lupo y Horacio Verbitski. Funcionaba en la sede del gremio Gráfico de la calle Paseo Colón de la ciudad de Buenos Aires. Fueron 55 números que aparecieron durante 22 meses. Los cinco últimos números fueron editados en la clandestinidad impuesta por la represión. Horacio Verbitsky recuerda: “como periodistas y militantes quisimos darle al proyecto todos nuestros conocimientos profesionales. No había infraestructura, ni archivo fotográfico. Tampoco existía archivo periodístico. En la imprenta Cogtal recurrimos a una vieja tipografía, y según el diseño de Jorge Sarudiansky y Oso Smoje armamos un periódico moderno, ágil”.
El periódico fue la voz de las luchas populares de la época, tanto obreras como estudiantiles, que confluirían en estallidos sociales que convulsionarían la década del sesenta. Decía la CGT de los Argentinos: “La lucha contra el poder de los monopolio y contra toda forma de dominación extranjera es misión natural de la clase obrera, que ella no puede declinar”.
El semanario tuvo una amplia repercusión, vendía cerca de veinticinco mil ejemplares, y circulaba mucho de mano en mano. Se encontraba en los kioscos y en las filiales de los sindicatos adheridos. Los trabajadores lo leían en grupos en casas o locales gremiales. Funcionaba como un instrumento de contrainformación. Era un combustible indispensable para la discusión política y la proyección de futuras acciones. La CGT había abierto una brecha en el sistema de los medios hegemónicos convirtiendo a su periódico no sólo como un instrumento de esclarecimiento sino también como un factor de organización.
De su valioso aporte informativo cabe destacar las notas de García Lupo sobre monopolios, concentración económica y entrega del patrimonio nacional, y la investigación de Walsh sobre el caso Satanowsky que fue publicada en números sucesivos a manera de folletín. Marcos Satanowsky era un abogado asesinado por sicarios que respondían a las órdenes del general Domingo Quaranta, el mismo de los fusilamientos de José León Suárez. Walsh pudo establecer que el crimen estaba vinculado a la tenencia de acciones de una empresa periodística de la época.
Nuestra región estuvo en el foco del semanario, a propósito del conflicto petrolero en la zona de Ensenada-La Plata, de octubre-noviembre de 1968, tal vez el más importante del año. En sucesivas notas se denunció la represión oficial y el tratamiento del tendencioso del conflicto por parte de los medios principales.