El mural más grande del mundo
A los 70 años, con la columna vertebral fracturada, el pintor David Siqueiros trabajó durante quince horas diarias en un mural que está en México y que sigue siendo el más grande que existe.
culturaA los 70 años, con la columna vertebral fracturada, el pintor David Siqueiros trabajó durante quince horas diarias en un mural que está en México y que sigue siendo el más grande que existe.
26/01/2026 - 00:00hs
En su enorme taller de Cuernavaca, sobre un puente-grúa operado electrónicamente, se deslizaba a lo largo de un riel suspendido del techo. El ruido hacía estremecer los andamios que se levantaban junto a las paredes Sobre su complicada estructura trabajaban los obreros manejando sopletes y pinceles. Los ayudantes, protegidos por sus cascos de seguridad, miden, consultan planos y calculan. La mayoría son mexicanos pero hay también japoneses, italianos, israelíes y franceses, algunos becados por sus gobiernos para aprender junto al maestro. Pesados camiones dejan su carga de chatarra en un depósito adyacente. Pero no se trata de una fundición ni de una fábrica de locomotoras. En medio de las chispas, los golpes y las órdenes dadas a gritos, lentamente iban tomando forma La Marcha de la Humanidad un mural de dos mil cuatrocientos metros cuadrados, que siegue siendo considerado el mural más grande del mundo.
El autor de esa obra titánica se llamá David Siqueiros. Haciá poco tiempo –a mediados de 1961-, el pintor había estado cuatro años en la terrible prisión del Palacio de Lecumberri acusado por delitos de “disolución social” –vistosa manera de llamar sus actividades comunistas. Ya a los 17 años, el entonces capitán Siqueiros, del ejército revolucionario mexicano, luchaba junto al general Manuel Diéguez. Era la revolución de 1913-1920. En aquellos años terribles de sangre y fuego, entre el olor de la pólvora, la pasión de las "soldaderas" que acompañaban a sus hombres al combate y los gritos roncos de los heridos y los moribundos, nacía México al siglo XX. Después vino la guerra de España. En 1936 Siqueiros se unía al ejército republicano como jefe de la 46 brigada motorizada. En 1967, el ya consagrado muralista David Alfaro Siqueiros ganaría el premio Lenin de la paz de 1967, cuyos 25.000 rublos donó al gobierno de Vietnam del Norte: "La única razón por la que un hombre debe tomar las armas es para luchar por una causa justa, y la guerra de Vietnam no es una causa justa".
Mientras estuvo en prisión, Siqueiros recibió muchas visitas: artistas de todo el mundo, personalidades descollantes de la política, y un empresario, Manuel Suárez,un viejo amigo de los días de la revolución, le propuso una exposición con una treintena de sus cuadros. El artista le hizo una contrapropuesta: un mural de dimensiones únicas. Así, cuando Siqueiros salió de prisión puso manos a la obra en el inmenso complejo Polyforun, sobre la Avenida de los Insurgentes y a los pies del World Trade Center de Ciudad de México.
El diseño de la obra consta de un dodecaedro al exterior y un octágono al interior. Es decir, doce muros en la fachada y ocho en el interior del inmueble. Según el libro La ruta de Siqueiros de Guillermina Guadarrama Peña, afuera de la construcción de lo que se convertiría en La Tallera, se podía leer un letrero que decía “Aquí se construye la capilla Siqueiros con el mural más grande del mundo”.
La marcha de la humanidad, representa la lucha continua de los seres humanos a lo largo de la historia. Hay alusiones a distintas etapas de la civilización. Desde las luchas agrarias en América Latina, las resistencias de afroamericanos en el continente, hasta el progreso tecnológico que, guiado por el socialismo, trazaría una ruta incesantemente inclusiva para la humanidad.
Cuando estaba por empezar a trabajar en el mural Siqueiros se cayó de un andamio quebrándose la columna. Cuando le dieron de alta volvió a treparse a las escaleras. Usaba un corsé anatómico, y se explotaba a sí mismo en agotadoras jornadas de quince horas diarias.
Todo en la vida de Siqueiros sucedía en la modalidad de la desmesura, mientras llevaba adelante el mural, trabajaba en veinticuatro pinturas independientes de cuatro metros por tres, cada una; varias esculturas de cemento de siete metros de alto y otras obras menores "puramente decorativas" para un hotel internacional. Detestaba a los pintores de caballete, pensaba que sus vida son demasiado cómodas y protegidas: "Sus esposas le sirven la merienda a las once, y además una pintura de caballete es una pintura para vender, una pintura para los ricos... aunque quizá después de algunos años todas terminen en una galería pública". Como Diego Rivera, Orozco y Rufino Tamayo, consideraba que el arte mural es esencialmente popular para que todo el mundo lo vea: "La pintura mural es casi como una película. Los bocetos son el argumento, mis ayudantes los técnicos y cameramen. ¿Y yo? ¡pues claro! yo soy el director!".