cultura

El regreso de Joan Manuel Serrat

Tras la dictadura, el artista volvió al país y su música se convirtió en símbolo de reencuentro.

Interés General

07/02/2026 - 00:00hs

Cuando regresó a Argentina, después de finalizada la última dictadura cívico militar, Serrat dejó su imagen de hombre libre, generoso, aspirando a que su música o su poesía no sean solo repetidas, sino que permitan a quien las escuche inventar, descubrir y fantasear. Al borde de los 40 años, tironeado por el cariño de un padre que no quiere olvidar y el amor de una hija que lo tenía sometido, Serrat regresaba después de una prohibición que duró lo que duró la dictadura cívico-militar.

El corolario del reencuentro con nuestro país había significado una madeja de emociones muy diferentes, de afectos, desilusiones, esperanzas. Todas esas situaciones necesitaron reposo: de alguna manera tendrían que sedimentar, para colocar cada cosa en su lugar. En un reportaje que le realizó la periodista Mona Moncalvillo, el artista español confesaba: “He llegado a un país que, evidentemente, está sufriendo angustias muy concretas que está volcando en mí, junto con toda la ternura y afectos”.

Por entonces, estaba cumpliendo un trabajo que era diferente al de evaluar, sino que estaba al servicio de algo que estaba ocurriendo: “Soy un hombre presionado. Esto va en la medida en que cada uno acepte estas presiones o le guste,; pero evidentemente me siento presionado. Lo que ocurre es que no renuncio a estas presiones”. El romance entre el Nano y la Argentina tenía muchísimos años y se remontaba a cuando era un pelilargo veinteañero, flaco y de aspecto entre hippie y militante de izquierda.

En sus 9 años de ausencia le habían ocurrido cosas como sufrir un exilio de España; pasar de una dictadura fascista a un estado de derecho en su país; participar en una victoria electoral, popular y mayoritaria; que muriera su padre; casarse y tener una hija. Pero nunca dejó de cantar y escribir canciones.

A propósito de la evolución de la música española en aquel momento, Serrat aseguraba que había comenzado una crisis de difusión, no de creación, que confundía porque era lo que se veía. En ese sentido, la música según Serrat se estaba manejando, en cuanto a distribución, por un aparato burocrático, administrativo-económico, en el cual los ejecutivos llegaron a tomar el rol de creadores.

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