cultura

Entrevista a Javier Bergia

Este cantor y compositor español fue conocido en nuestro país por acompañar como músico a Ismael Serrano, pero tiene una rica trayectoria personal.

Cada vez que venía a nuestro país como músico de Ismael Serrano, en los recitales tenía un pequeño espacio para compartir su propia música. Es que Javier Bergia, desde 1980, está construyendo un camino musical que ha pasado por distintas etapas –al comienzo grupales, luego como solista-, en las que ha compuesto una gran cantidad de canciones, musicalizado poetas como Juan Ramón Jimenez, o participar de la banda de sonido de una película producida por David Bowie.

—¿Qué resonancias despierta Argentina en tu imaginación?

—Para mí Argentina, realmente, fue un descubrimiento. Lo único que lamento es haber llegado quizás un poco tarde. Desde luego tengo que agradecérselo a Ismael Serrano, que fue el cantautor que me llevó por primera vez a Argentina. Entendí perfectamente, la devoción que otros artistas tenían por ese país

—¿Cuándo se produjo ese descubrimiento?

—Fue aproximadamente hace unos 20 años, cuando fuimos a presentar uno de los primeros discos de Ismael. Fue un viaje verdaderamente relámpago: estuvimos 48 horas. Dimos el show e inmediatamente nos mandaron a España otra vez. No me dio tiempo de enterarme donde estaba. Pero luego, sucesivamente, hemos ido yendo prácticamente todos los años, como mínimo una o dos veces.

—Pero también viniste solo.

—En los últimos años, yo tuve el gusto de hacerme giras solo por allí, en pequeños locales. Fue una gira enorme, cogiendo muchos autobuses. En fin, de norte a sur, de este a oeste. Tengo unos recuerdos maravillosos.

—¿Cómo se dio tu vínculo con Ismael? ¿En qué circunstancia lo conociste?

—Universal había fichado a Ismael Serrano porque le habían visto actuar en un local del centro de Madrid. A mí me llamaron porque querían lanzar a un cantautor que se llamaba Ismael Serrano, y se empezó a preparar esa maquinaria que hay detrás de las discográficas para lanzar a un cantautor. Por aquel entonces, yo afortunadamente tocaba varios instrumentos, me llamó un productor para preguntarme qué estaba haciendo y si me interesaba formar parte de un grupo en el que estaban en ese momento grandes músicos de Madrid para tocar la percusión - una de las cosas que yo tocaba, y participar de unos ensayos para lanzar a Ismael Serrano-. Nos juntamos en un local de ensayos y ese fue el comienzo.

—Contanos de tus orígenes familiares..

—En la familia de mi madre había varios artistas, entre ellos, mi abuelo que fue un tenor bastante reconocido en España, incluso en Latinoamérica, José García Romero.

—¿Cómo los afectó la guerra civil?

—La familia de mi madre era republicana. A partir de la guerra todo fue terrible. Mi madre tenía 15 años y quedó muy sola porque todos sus hermanos tuvieron que ir al frente, y su padre estaba de gira permanentemente por el mundo. Entonces fue terrible. El terror de escuchar cómo se acercaban los aviones de Franco que bombardeaban Madrid. Yo afortunadamente nací 15 años después de que terminara la guerra, y me costó algunos años reconocer todas las señales que dejó ese terrible conflicto.

—Valiéndonos de un verso que alguna vez cantaste se te puede preguntar: ¿cuándo vendrán las flores del alba?

—Qué bonita utopía. Yo sinceramente no quisiera perder la esperanza, pero a esta altura de la vida -este año cumplo 68 años-, soy una persona bastante desencantada en ese sentido. Ahora que estoy preparando un disco nuevo y escribiendo canciones nuevas, estoy intentando corregirme y no caer en ese desencanto. Pero he perdido la fe en gran parte de la especie humana.

—¿Por algún hecho en particular o es un balance?

—Es un balance de lo que veo, tal como está el mundo. Por un lado es asombroso la cantidad enorme de gente que está luchando por intentar que vivamos en un mundo mejor, en un mundo en el que en el más denostado de los sentidos -el sentido común-, sea el que se imponga; sobre todo, mucha gente joven sensibilizada porque vivamos en un mundo mejor. Pero, por otro lado, la política, la mala praxis de muchos políticos, sobre todo aquí en España, te hacen formarte un desencanto que es terrible. Es asombroso ver gente, que nadie sabe por qué extraño motivo, aunque probablemente sea el dinero, se haya propuesto destruir nuestro mundo.

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