Cultura

Luis Carlos Prestes y Olga Benario, una historia de amor en tiempos de guerra

Él era líder de un ejército rebelado contra la dictadura brasileña de los años 30; ella, una revolucionaria alemana radicada en Brasil.

Interés General

16/08/2021 - 00:00hs

Era el líder de la llamada Columna Prestes, integrada por 1.500 rebeldes que marcharon desde las praderas del sur hasta los desiertos del noreste, a través de la selva amazónica, durante dos años y medio. Lucharon contra la dictadura de los señores del café y el azúcar sin sufrir jamás una derrota. Es por eso que Olga Benario imaginaba a Luis Carlos Prestes como un individuo gigantesco y devastador. Se sorprendió cuando conoció al gran capitán: un hombre frágil que se ponía colorado si ella lo miraba a los ojos.

Olga Benario había nacido en Múnich el 12 de febrero de 1908, hija de un abogado judío. Ingresó con solo 15 años de edad a la Liga Juvenil Comunista de Alemania. Al poco tiempo se fue a vivir a Berlín con Otto Braun, un dirigente del Partido Social-demócrata de mucha trayectoria, apodado “el Zar Rojo de Prusia”.

Olga se fogueó a su lado en las luchas callejeras contra las milicias nazis. Fueron detenidos. Olga fue liberada, pero Otto Braun fue acusado de “traición a la patria”. Ella fue el cerebro que concibió el plan de rescatar a su pareja de la prisión de Moabit, donde estaba encerrado. Lograron fugarse a la Unión Soviética. En Moscú, Olga ingresó al Ejército Rojo. La relación matrimonial comenzó a requebrajarse, la principal causa se llamó Nikitin, un oficial que Olga conoció en uno de sus entrenamientos militares. Vivieron juntos un tiempo. No solo bebían vodka en grandes cantidades y leían juntos a los grandes teóricos del marxismo, sino que llegaron a enamorarse; aunque sin formalizar, porque ella había decidido convertirse en una militante sin fronteras.

Olga tenía 26 años cuando recibió la orden de la Internacional Comunista de trasladarse a Brasil para ayudar, en su resistencia, al Partido Comunista de ese país. Ingresó clandestinamente, con el nombre de María Bergner. Así conoció a Luis Carlos Prestes. Como dijo Eduardo Galeano: “ Él, que nunca había conocido a una mujer, fue amado y fundado por ella”.

En 1936, la Policía brasileña atrapó a los dos en un suburbio de Río de Janeiro. Los llevaron a prisiones diferentes. Desde Alemania, Hitler reclamó a Olga Benario por judía y comunista. El presidente, Getulio Vargas, se la entregó, pese a las protestas internacionales. Cuando los soldados llegaron a buscarla a la cárcel, los prisioneros se amotinaron. Olga puso fin a la revuelta para evitar una matanza inútil y se dejó llevar. Estaba embarazada de siete meses. Asomado a la reja de su celda, el novelista Graciliano Ramos vio cuando se la llevaron. En su libro Memoria de la cárcel, el escritor dice: “Sentado en la cama, pensé con horror en campos de concentración, hornos crematorios, cámaras de gas. ¿Irían a tal miseria?”.

En el muelle, el barco que la esperaba ostentaba una esvástica. El capitán tenía la orden de no detenerse hasta Hamburgo. En Alemania, Olga Benario sería encerrada: primero en la prisión de mujeres de Barnimstrasse, luego sería trasladada a distintos campos de concentración de Ravensbruck, en el último de los cuales (el de Bernburg) sería asfixiada en una cámara de gas, carbonizada en un horno. Tenía 34 años.

La última carta

En la última carta que Olga le escribió a Carlos Prestes y a su hija, se despide de ellos, con la certeza de que le quedaba poco tiempo de vida: “He luchado por lo justo, por lo bueno y por lo mejor del mundo... Quiero que me entiendan bien: prepararme para la muerte no significa que me rinda, sino saber hacerle frente cuando llegue”.

En seis ciudades alemanas hay calles que llevan su nombre. En Brasil, avenidas, plazas y escuelas la recuerdan. Su hija, Ana Leocádia Prestes (doctora en Filosofía) escribió la biografía Una comunista en los archivos de la Gestapo, un libro de 2.000 páginas, donde cuenta toda la historia de su madre basándose en documentos históricos aprehendidos por el Ejército Rojo, tras la derrota de Adolf Hitler, y que se mantuvieron guardados en Moscú.

La vida de Olga Benario fue llevada al cine por la directora brasileña Jayme Monjardim, con el título de Olga (2004). La película fue vista por más de tres millones de espectadores y ganó más de 20 premios internacionales.

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