Madres uruguayas contra la dictadura
Al igual que sus pares de la Plaza de Mayo, ellas salieron a la calle para reclamar por sus hijos desparecidos en Argentina.
CULTURAAl igual que sus pares de la Plaza de Mayo, ellas salieron a la calle para reclamar por sus hijos desparecidos en Argentina.
19/01/2026 - 00:00hs
Usan, como distintivo, cintas con los colores de la bandera de su país, de las que penden rectángulos plastificados con las fotos y nombres de sus hijos y nietos. No marchan semanalmente por una plaza fija; comenzaron a reunirse siempre en una plaza distinta. También las persiguieron, como en Argentina. Sin embargo, las madres de los uruguayos desaparecidos en Argentina tuvieron los mismos impulsos, y genuinos derechos, para averiguar el destino de sus seres queridos. “Se los llevaron con vida y queremos que nos los devuelvan con vida”, supo ser su reclamo histórico.
Periódicamente atravesaron el charco para seguir la pista o algún indicio que hiciera luz sobre sus casos. Estas valientes mujeres, en su mayoría amas de casa, afirmaban entre lágrimas y angustias que seguirían hasta el final. Lo cierto es que se constituyeron como representantes de un grupo de familiares, sobre todo de madres, de uruguayos desaparecidos en Argentina, cuyo número oscila entre 130 y 150- aunque no se descarta la aparición de casos nuevos-, entre los que hubo siete niños y cinco mujeres grávidas en el momento de la desaparición.
En un principio, cuando sus hijos desaparecieron, comenzaron con trámites en forma particular: cada una hacía lo que buenamente podía o lo que les indicaban las autoridades. Finalmente, el grupo se forma en 1979, cuando llega la comisión de la OEA a Buenos Aires y se reunieron cuarenta madres: “Trabamos conocimiento y formamos el grupo actual – relata una de las madres entrevistadas por la revista Humor en 1983-. No representamos a la totalidad de los desaparecidos porque hay familiares con los que no nos hemos podido encontrar”.
Sus hijos habían llegado a nuestro país impulsados por razones gremiales, porque eran sindicalistas, o porque eran estudiantes disidentes con el régimen militar uruguayo. El grupo de Madres estaba radicado en Montevideo y tuvo que trabajar de una manera un poco clandestina porque el sistema represivo del Uruguay era indisimulable; no podían hacer nada a la vista del público. Incluso en una oportunidad les dijeron que mientras se mantuvieran el ámbito de la Iglesia, donde tenían cierto apoyo – de algunos párrocos, no de la cúpula- las iban a dejar tranquilas. El riesgo se suscitaría cuando salieran a poner en conocimiento del público su situación.
“No aceptamos, en ningún momento, que están muertos. Porque si estaban viviendo en sus casas, si estaban durmiendo, no podemos aceptar que murieron en enfrentamientos”, respondía una de las integrantes a la prensa. Ante tantos silencios y puertas cerradas, ellas sostuvieron el convencimiento de que la lucha solo terminará en el momento en que encontraran a sus hijos y se supiera la verdad sobre ellos. Pero, sobre todo, cuando los culpables fueran juzgados.
El 20 de septiembre de 1984 la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas ( Conadep), creada en diciembre de 1983 para investigar las violaciones a los derechos humanos por parte de la dictadura militar, entregó al presidente Raúl Alfonsín el Nunca Más, el informe que documentaba la existencia de 340 centros clandestinos de detención y 8.961 casos de desapariciones. En ese escenario, los organismos de derechos humanos canalizaron buena parte del repudio al régimen y se erigieron en un actor difícil de soslayar en la escena política. Los denunciantes no clamaban venganza, no manifestaban odio ni expectativas de cambiar el orden social, sino que exigían justicia al Estado por las violaciones sufridas.
La investigación de la Conadep produjo efectos políticos y jurídicos de primer orden: elaboró un conocimiento novedoso sobre la dimensión que alcanzaron las desapariciones en la Argentina, conformó un corpus probatorio inédito para juzgar a sus responsables y desencadenó la clausura de la estrategia oficial de juzgamiento a las Juntas Militares por sus pares. Su informe, Nunca Más, expondría una nueva verdad pública sobre las desapariciones, y se conformaría en la nueva clave interpretativa y narrativa para juzgar, pensar y evocar este pasado entonces inmediato.