El Mercosur realizó un documento final sin la firma de Uruguay

Puerto Iguazú es la sede de la reunión política.

Los presidentes de los países del Mercosur volvieron a reunirse este martes en una cumbre y coincidieron en concluir las postergadas negociaciones para un acuerdo comercial con la Unión Europea.

«Durante el encuentro, los Presidentes renovaron el compromiso del Mercosur con el fortalecimiento de la democracia, el estado de derecho y el respeto a los derechos humanos, y resaltaron la importancia de la agenda económica, comercial, social y cultural del bloque para el beneficio de sus ciudadanas y ciudadanos», se lee en el documento final que firmaron Fernández, Da Silva y Abdo Benítez.

En una conferencia de prensa posterior al encuentro, el presidente Fernández fue consultado puntualmente sobre la decisión de Uruguay de no firmar la declaración final.

«Uruguay tiene una mirada que viene sosteniendo desde hace algún tiempo el presidente Lacalle, que persiste en la idea de que los socios del Mercosur puedan negociar autónomamente al Mercosur, y de algún modo expresa esa diferencia no firmando la decisión, pero es una decisión que conocemos», respondió Fernández.

Los mandatarios de Argentina, Brasil y Paraguay coincidieron en el texto en «la necesidad de abrir un espacio de reflexión política sobre la modernización del bloque, incluyendo el fortalecimiento de la agenda interna para una mayor integración de sus economías, así como la estrategia de inserción internacional, sobre una base consensuada y solidaria para encarar los desafíos de un escenario mundial en transformación, afectado por alteraciones significativas en el mapa de la producción y el empleo, con efectos visibles en la reconfiguración de las cadenas globales de valor».

Es en este párrafo donde puede encuadrar la disidencia de Uruguay, que no es nueva, ya que tampoco firmó el documento final de la anterior cumbre, en Montevideo, y que se centra en el reclamo de flexibilizar el estatuto fundacional del Mercosur para que cada país miembro pueda cerrar acuerdos comerciales sin necesidad de contar con el acuerdo del resto de los países del bloque.

De este modo, no exenta de debate y de polémica, la cumbre del Mercado Común del Sur sirvió para que quedara en claro la vocación de todos los países para avanzar en el acuerdo con la UE y que, además, comparten la esperanza de que la Presidencia Pro Tempore de Lula servirá ahora para negociar un entendimiento justo entre los bloques.

Alberto Fernández, en su carácter de anfitrión, reiteró la posición de la Argentina cuando dijo que hay que «integrarse al mundo no solo como proveedores de materias primas, sino como exportadores de productos elaborados».

El jefe de Estado argentino tiene una postura que se asemeja a la del mandatario brasileño: el TLC (Tratado de Libre Comercio) con la UE puede ser beneficioso para el desarrollo, pero tiene que ser un acuerdo justo para todas las partes.

«Nadie puede condenarnos a ser los proveedores de la materia prima que otros industrializan y luego nos venden a precios exorbitantes. Una visión que no advierta la dimensión de lo que aquí digo, podría inducir a algunos a pensar que de ese modo no alcanzaremos los estándares de libre comercio que algunos socios pretenden», dijo en alusión a la postura del Gobierno de Luis Lacalle Pou.

En ese sentido, dijo que él no está parado «en el lugar aislacionista» en el que algunos actores lo quieren colocar: «La presentación de nuevas demandas en materia ambiental (…) presenta una visión parcial del desarrollo sostenible, centrada en lo ambiental, con nulo registro de las tres dimensiones de la sostenibilidad», aclaró.

Lula, por su parte, se comprometió a «concluir» las negociaciones, pero pidió al resto de los mandatarios una «respuesta rápida y contundente» a la «inaceptable» exigencia ambiental presentada por los europeos.

El histórico líder del Partido de los Trabajadores (PT) retomó los conceptos que ya había adelantado durante su última gira europea y que se puede resumir en la idea acuerdo «equilibrado».

Calificó de «inaceptable» la carta enviada en marzo por Bruselas en la que existirían amenazas de sanciones en caso de no respetar los estándares de cumplimientos ambientales. «Los socios estratégicos no negocian sobre la base de la desconfianza y la amenaza de sanciones. Es imperativo que el Mercosur presente una respuesta rápida y contundente», apuntó.

En un tema de primordial importancia para la Argentina, Lula también volvió a defender la «adopción de una moneda común para realizar operaciones de compensación» entre países miembros, que «contribuirá a reducir costos y facilitará aún más la convergencia».

Sobre ese tema, Alberto Fernández pidió, con posterioridad, abonar el diálogo para que sean los venezolanos los que resuelvan los problemas de su país.

Mientras, el uruguayo Lacalle Pou reiteró los conceptos de «flexibilización» del bloque y amenazó con «cerrar acuerdos unilaterales», algo abiertamente resistido por sus colegas. En un tono más diplomático que en la cumbre de Montevideo, dijo que el reclamo de su país «no es caprichoso».

Mientras, el uruguayo Lacalle Pou reiteró los conceptos de «flexibilización» del bloque y amenazó con «cerrar acuerdos unilaterales», algo abiertamente resistido por sus colegas. En un tono más diplomático que en la cumbre de Montevideo, dijo que el reclamo de su país «no es caprichoso».

«El mundo sigue cambiando. Se generan nuevas necesidades y oportunidades (…). Nuestra región está cambiando y tiene una oportunidad única no solo por las materias primas, sino por la inteligencia de nuestra gente», dijo el presidente de Uruguay. Por eso, le auguró a Lula «la mayor de las suertes» y le pidió que genere «un poco de optimismo en el ya abundante pesimismo sobre este acuerdo».

En la cumbre también estuvo el presidente de Bolivia, Luis Arce, cuyo país busca desde hace años ser socio pleno del Mercosur.

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