En un final para el infarto los “Gladiadores” volvieron a mandar en el
mundo del handball de esta parte del continente al derrotar a su archirival Brasil por 26 a 25 en los últimos 10 segundos de partido. En una maniobra genial del técnico “Pucho” Jung mandó a la cancha un séptimo atacante –sacó al arquero- y ese jugador, Giménez, definió el partido.
POR GUILO GALLO
Si existe un final soñado para un Argentina contra Brasil en cualquier enfrentamiento y en cualquier disciplina deportiva es la que se vivió anoche en Asunción. Difícil de expresar con palabras lo que se vivenció en el puñadito de minutos finales –incluso los nuestros jugaron hasta los segundos postreros con un jugador menos por una exclusión de dos minutos- porque transcurrieron con las pulsaciones a “mil”, no solo de los jugadores sino de ese montoncito de argentinos en la tribuna–la mayoría familiares de los equipistas- que nos contagiaban a los que a la distancia lo seguíamos desde acá por la televisión. Nosotros, los platenses, con la doble satisfacción porque en el equipo argentino teníamos a nuestro Panchito Lombardi salido de la cantera del handball albirrojo –hoy en el más alto nivel del handball español- que aportaba lo suyo.
Lo cierto es que Argentina volvió a gritar campeón en el Torneo Sur-Centro – lo que antes era los Panamericanos- y lo hizo dignificando el apodo con los que se los conoce, con el ADN Gladiador: con una victoria agónica, para el infarto, y ante su archienemigo rival de esta parte del continente.
Así, en Paraguay, la Selección Argentina masculina de handball venció 26-25 a Brasil y recuperó el título tras dos ediciones de espera.
Cuando el reloj marcaba apenas 10 segundos para el final, Giménez – el “séptimo” atacante que sumó el técnico Jung para el último ataque- apareció con el gol que desató la locura y puso a la Argentina arriba.
Y como en toda historia épica, el cierre fue con una atajada salvadora: Juan Bar –el que siempre está con sus atajadas milagrosas- selló el triunfo y el campeonato con sus manos.
Un final de película, una consagración inolvidable y un nuevo capítulo dorado para Los Gladiadores. Porque así, los amantes de este lindo deporte, lo vamos a recordar: como una final épica y como un clásico para el infarto. O simplemente, como el día en que Los Gladiadores volvieron a mandar en América del Sur, después de seis años.