entrevista
Fabrizio Gifuni: “Es una fiesta trabajar con Marco Bellocchio”
El talentoso actor se pone al frente de una historia que conmovió a Italia dada la popularidad del personaje.
Portobello, la primera serie original italiana de HBO, dirigida por Marco Bellocchio, que se puede ver en HBO Max, narra la historia dramática del presentador de televisión Enzo Tortora, quien se convirtió en protagonista de una terrible odisea judicial. Como Tortora está Fabrizio Gifuni, con quien hablamos en exclusiva para Argentina sobre la serie de seis episodios que tuvo su premiere mundial en Venecia el año pasado.
—Antes de hablar del programa, me gustaría saber ¿cuándo supiste que querías ser actor?
—Yo iba al instituto y se creó un taller de teatro dentro del instituto, participé en este taller y representamos Romeo y Julieta de Shakespeare, donde yo hacía de Mercutio, y era la primera vez que actuaba, la primera vez que subía a un escenario y recuerdo perfectamente que, al terminar esa experiencia, pensé que era lo más parecido a la felicidad que había conocido nunca. Y desde ese momento empecé a pensar, naturalmente también como un sueño, en lo bonito que sería hacer eso toda la vida. Luego, mientras tanto, después del Instituto, me matriculé en la Universidad, casi me licencié, en Derecho, por cierto, y luego, a los 23 años, decidí que esa podía ser mi vida, que quería absolutamente que esa fuera mi vida. Ese fue el episodio que me hizo comprenderlo racional y emocionalmente. De pequeño, como todos los niños, tenía una gran capacidad de observación, de escucha, de reproducción, me intrigaba mucho cómo hablaba la gente, es decir, evidentemente ya tomaba notas.
—¿Cuáles eran tus recuerdos del programa y de Enzo?
—Bueno, vuelvo siempre al instituto, estaba haciendo los exámenes de selectividad, es decir, el final del instituto, y en ese año, era 1985, se iniciaba el proceso de primer grado, el primer juicio. Recuerdo que por la noche, cuando terminaba de estudiar para el examen de madurez, encendía la radio y escuchaba este juicio, que era extremadamente fascinante. Lo seguía un poco porque iba a matricularme en Derecho, por lo que me interesaba saber cómo funcionaba un juicio, y otro poco porque sin duda prevalecía mi amor por el teatro, ya que los juicios son una gran representación teatral, es decir, esos fiscales, esos abogados que pronunciaban esos grandes monólogos para convencer a los espectadores, ya me parecían un gran teatro. Y luego, naturalmente, cuando hace ya año y medio Marco empezó a hablarme de este proyecto, volví a esa historia con otra conciencia, con otra edad y con otro objetivo, es decir, con la idea de evocar un fantasma. Digamos.
—¿Cómo fue para vos volver a trabajar con Marco y volver al personaje?
—Es una fiesta, creo que no hay nada más bonito para un intérprete, no solo italiano, que trabajar con Marco Bellocchio y, sobre todo, construir una relación de continuidad en este trabajo. Marco es el director con el que más he trabajado, es el único director con el que he hecho cuatro o cinco trabajos. Empezamos hace diez años, más o menos, con una película que se llamaba Fai Bei Sogni, luego llegó la gran historia de Esterno Notte di Aldo Moro, luego Rapito, y ahora Portobello, y luego un pequeño trabajo que hicimos juntos en verano en Bobbio, que era un cortometraje. Y es, no sabría decirlo de otra manera, es una fiesta. Es una fiesta porque siempre estás dentro de un proyecto de gran inteligencia, de gran valor, no solo de gran valor artístico. Con Marco, digamos, sabes que su mirada siempre te hará ver algo, como les sucede a los espectadores, en lo que tú no habías pensado. Es decir, él tiene la capacidad de iluminar partes de la historia que quizá habrías pasado por alto al fijarte en las cosas más importantes y, en cambio, él te hace ver un detalle que te ilumina, en definitiva, es muy bonito.
