entrevista

Juan Pablo Russo: “Se trató de construir un diálogo entre obras”

El director del festival de diversidades y género anticipa programación y actividades imperdibles.

Espectáculos

23/02/2026 - 00:00hs

La segunda edición del Festival Internacional de Cine sobre Diversidades y Género (FIDiG CINE), que irá del 25 de febrero al 1° de marzo en diferentes sedes de la Ciudad de Buenos Aires, viene con varios estrenos internacionales y grandes producciones. Su director, Juan Pablo Russo, dialogó en exclusiva con Hoy para revelar detalles de la propuesta, que puede consultase su programación completa en www.fidigcine.com.

—¿Qué tan difícil es imaginar y proyectar un festival de cine en el marco de crisis y retiro de apoyos del Incaa a los festivales?

—Imaginarlo no es lo más complejo. Lo verdaderamente exigente es sostenerlo. Un festival se planifica con meses de anticipación, se arma con acuerdos, apoyos y redes de trabajo que requieren estabilidad. Cuando el contexto cambia, cuando los respaldos institucionales se reducen y el campo cultural atraviesa una etapa de redefiniciones, la organización deja de ser solo una tarea logística para convertirse en una decisión. En ese escenario, proyectar FIDiG Cine implica asumir que el cine independiente, y, en particular, las producciones vinculadas a la diversidad y el género, necesitan espacios concretos de circulación. La ausencia de ciertos apoyos no cancela la necesidad del festival; por el contrario, la vuelve más evidente. La respuesta fue fortalecer alianzas, ampliar sedes y sostener la programación como una afirmación cultural más que como un gesto reactivo.

-Tras una primera edición exitosa, vuelven con una nueva cargada de estrenos nacionales e internacionales, ¿cómo fue la curaduría?

-La curaduría partió de una pregunta: cómo el cine contemporáneo está representando hoy las identidades, los cuerpos y los vínculos. No se trató de reunir títulos bajo una etiqueta temática, sino de construir un diálogo entre obras que provienen de tradiciones, estéticas y geografías distintas. Por eso conviven largometrajes y cortos, ficción y documental, animación y cine experimental.

—¿Se afirma el festival como un espacio de resiliencia y resistencia, mostrando diversidades y acompañando a disidencias en un contexto cada vez más hostil para la comunidad LGBTIQ+?

—Un festival no está aislado del clima social. Y FIDiG Cine no es la excepción. Cuando el debate público se vuelve más áspero y ciertas narrativas buscan reducir derechos o cuestionar identidades, la existencia de un espacio dedicado a estas miradas adquiere otro espesor. FIDiG Cine no se plantea desde la confrontación, sino desde la afirmación. Afirma que estas historias existen, que estas experiencias forman parte del tejido social y que el cine es una herramienta para pensarlas colectivamente. Además de las proyecciones, el festival incorpora charlas y espacios de intercambio que permiten ampliar la conversación más allá de la pantalla. En ese sentido, funciona como un punto de encuentro donde realizadores, investigadores, público y comunidad comparten preguntas sobre representación, memoria, territorio y política. La resiliencia no se declama; se ejerce sosteniendo la programación, función tras función.

—Es odioso, pero ¿dos imperdibles de esta edición?

—Elegir solo dos implica dejar afuera muchos títulos que dialogan entre sí, pero si hubiera que señalar momentos clave: My Boyfriend el fascista, de Matthias Lintner (Italia), que traslada la grieta ideológica al interior de una relación afectiva. Por otro lado, A Natureza das Coisas Invisíveis, de Rafaela Camelo (Brasil), propone una mirada desde la infancia y sitúa la experiencia de la enfermedad y la despedida en un vínculo entre dos niñas.

—¿Expectativas para la segunda edición?

—La expectativa principal es consolidar el festival como un espacio de referencia dentro del calendario cultural de la ciudad. Esta segunda edición amplía sedes —Cinépolis Plaza Houssay, el Centro Cultural de la Cooperación y el Auditorio de la Embajada de Brasil— y profundiza el perfil internacional. Pero más allá de los números, la expectativa está puesta en el encuentro: que las salas se conviertan en un territorio común donde las películas no solo se vean, sino que se discutan. Si el cine es una forma de imaginar mundos posibles, el festival es el espacio donde esa imaginación se vuelve colectiva

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