cultura
El juguete que atravesó varias generaciones
Se trata de una de las pelotas más icónicas de Argentina y que se encuentra presente en cada álbum de recuerdos de infancia.
Para muchas generaciones, se trata de una de las pelotas más populares que se patearon en el país y que es ciento por ciento nacional. Casi todos la conocen como el "terror de los portones de chapa" y es nada más y nada menos que la mítica pelota Pulpo, que nació en 1936 y que se volvió un ícono para varias generaciones.
Su historia comenzó a escribirse en la década del 30 en una fábrica en el barrio porteño de Saavedra. Allí, uno de sus trabajadores, el italiano Don Gerildo Lanfranconi, un ex operario de la empresa Pirelli, junto a su hermano Arístides y otros socios, se dedicaban principalmente a la producción de artículos moldeados en goma de uso industrial y domésticos como sopapas, bolsas de agua caliente, regatones para sillas, tacos del motor para los automóviles, cuerdas para triciclos, entre otros.
Durante una de las jornadas de trabajo a Don Gerildo se le ocurrió la fantástica idea de crear una pelota de goma, pero sin pico de inflado, similar a una cámara, pero un poco más gruesa. Ahí nació la recordada pelota en 1936, que se convirtió en la compañera de juegos de muchos niños argentinos.
Lanfranconi desarrolló un sistema innovador para inyectar goma de color rojo sobre la goma blanca, lo que le dio su característico rayado. Se llegaron a producir 5000 pelotas diarias en distintos tamaños, desde el número 3 hasta el 7 ½.
El nombre “Pulpo” fue por el apodo de Don Gerildo, debido a su gran fortaleza ya que podía levantar fardos de caucho de 100 kilos con un solo brazo.
Tras la muerte de los fundadores, Arístides y Gerildo, en 1967 y 1972 respectivamente, Juan Carlos Lanfranconi, hijo del fundador, asumió el control de la empresa. La crisis de los años 90 impactó a la empresa. Sin embargo, familias ligadas a la empresa continuaron con su fabricación.
Hoy en día, la pelota Pulpo sigue siendo fabricada artesanalmente en una pequeña fábrica familiar en Villa Lynch, y es un recuerdo nostálgico para muchas generaciones.
