El obispo que vivió entre los pobres
Helder Cámara fue una de las figuras más influyente de la llamada Teología de la Liberación. Su lección sigue viva para todos los cristianos que optan por los pobres.
culturaHelder Cámara fue una de las figuras más influyente de la llamada Teología de la Liberación. Su lección sigue viva para todos los cristianos que optan por los pobres.
14/01/2026 - 00:00hs
Encorvado y de aspecto débil, Helder Cámara, ochenta años después de haber nacido, se levantaba a las seis, a las siete oficiaba misa, y a las ocho ya estaba atendiendo a los más necesitados, los descalzos, los hambrientos, los desesperados. No tenía automóvil. Caminaba largos trayectos por zonas muchas veces inhóspitas para hacer sus visitas. Este obispo no tenía más asistencia que una cocinera, que le preparaba el arroz y la cuajada que prefería como almuerzo. Dom Helder Cámara, Arzobispo de Recife y Olinda, no sólo era pobre, sino que eligió vivir entre los pobres porque era ellos que anduvo Jesús.
Nació en el nordeste de Brasil, en Fortaleza , el 7 de febrero de 1909 –hijo de un contador y de una maestra de escuela primaria-, y no se movió de allí hasta los 22 años, cuando lo ordenaron sacerdote: “La Providencia me llevó a Río de Janeiro, allí trabajé tres décadas y durante la última fui secretario de la Conferencia Episcopal brasileña. Aprendí sobre el Nordeste todo lo que había que aprender”. Allí fundó un sindicato obrero femenino que congregó a las lavanderas, cocineras y empleadas doméstica.
Su misión sacerdotal fue clara: “Algo debe hacerse para que los pobres vivan como hombres y no como animales librados a las fuerzas de la naturaleza. Sacarlos de la situación infrahumana en que se encuentran, que los hace parecer más un cactus que un hijo de Dios. Lo normal es que en esa situación la inteligencia y la voluntad estén embotadas. Usted no imagina hasta qué punto la herencia de la miseria deja marcas. Marcas de servilismo y de fatalismo”. En 1956 promovió la Cruzada São Sebastião, a fin de dar techo digno a los habitantes de la favela. Tuvo una participación muy activa en el Concilio Vaticano II y fue uno de los redactores del Pacto de las Catacumbas, que incentivaba a los religiosos a asumir un estilo de vida sencillo y renunciar a todo símbolo de poder. Apoyó firmemente la encíclica Populorum Progressio que toma posición contra “los opresores del mundo de los pobres”.Su prédica profundamente cristiana y, por lo tanto, revulsiva, hizo que las organizaciones que reducían el cristianismo a la beneficencia se aliaran a los militares, para hostigar al Arzobispo: “Está haciéndole el juego a los comunistas”.
Estaba convencido que hay que usar los medios modernos para hablar con la gente. Nada de púlpito. Todos los domingos tenía un programa de treinta minutos por televisión, donde decía, por ejemplo: “El más grave problema social de nuestros días es el desencuentro cada vez mayor entre el mundo desarrollado y el subdesarrollado”. Para que la religión no fuera considerada el opio de los pueblos, decía que la Iglesia debía probar con hechos que la religión no es alienada ni alienante, sino que ella pretende encarnarse como Cristo para señalar que la miseria es una afrenta a la criatura humana y una injuria al Creador.
En Brasil la esclavitud fue abolida en 1888, pero Helder Cámara insistía que seguían existiendo distintos tipos de esclavitud: “Necesitamos completar la abolición de la esclavitud como necesitamos completar la independencia. Me causa gracia oír hablar de mundo libre cuando la miseria esclaviza y aplasta a las personas”. No admitía bajo ningún concepto que su feligresía sufriera la tristeza de sentir que la Iglesia sabía y conocía el problema pero lo callaba.
Fue uno de los fundadores de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, y durante la dictadura militar de ese país, actuó con una dignidad y entereza que hizo que muchos organismos de derechos humanos de distintas partes del mundo, pidieran que se le otorgara el Premio Nobel de La Paz.Una de sus frases más recordadas tiene la perfección de un aforismo: “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.