cultura

El Piazzolla del folklore

Sin olvidar sus raíces, el Chango Farías Gomez ensanchó como pocos los límites de nuestra música popular.

Interés General

17/01/2026 - 00:00hs

Fue uno de los artistas más inquietos de la música popular argentina; sus invenciones quedaron plasmadas tanto en los discos de juventud - con los Huanca Hua-, como director musical del Grupo Vocal Argentino o en proyectos que lideró a partir de las décadas del ochenta y del noventa, MPA y La Manija, respectivamente, o más recientes, como La Orquesta del Chango –de la que participaron muy talentosos músicos de nuestra ciudad, como el Mono Izarrualde, o los hermanos Néstor y Omar Gómez-.

La vida de Juan Enrique “Chango” Farías Gómez pudo haber empezado a los 5, a los 14 o a los 21 años. Cualquiera de sus muchas anécdotas de esas épocas puede marcar el inicio. Pero lo que verdaderamente vale señalar, más allá de las cronologías, es que su vida fue una entrega incondicional a la música.

Nacido en el barrio porteño de San Telmo, primogénito de cinco hermanos, cuatro de los cuales están enrolados en la música folklórica. A los 5 años ya sacaba sonidos de un canasto de ropa. Guitarrista, bajista, pianista, percusionista, arreglador y compositor, el Chango no escapó a las listas negras a las que eran tan afectos los militares y en el 76 tuvo que marcharse del país. Cuando regresó lo hizo dispuesto a trabajar, asumir responsabilidades y participar de un gran movimiento musical que dejara una posta sólida para el futuro. Él se consideraba músico y callejero, porque había aprendido en la calle y porque en su casa paterna se escuchaba “buena música”: “Gusté en su momento del jazz, Louis Armstrong, Duke Ellington, los Mills Brothers. De este grupo vocal fui fanático y ésa fue la razón de los Huanca Hua”. A los 14 años tuvo que hacer un año de reposo, ya que por estudiar tanto tuvo un sumernage, receso que aprovechó para aprender a tocar la guitarra. Hasta ese entonces su instrumento era el piano, como su padre.

Para el Chango la música folklórica no estaba dentro de la ley de la evolución, sino que había llegado a un punto en que se “acrisoló”; como levantar la tapa de un arcón y encontrarse con que había una chacarera, una zamba o una vidala. También pensaba que hablar de folklore moderno era un absurdo, así como hablar de dinosaurios modernos. A partir de ese análisis, todos eran intérpretes de música folklórica. “Aquella música tradicional – le contaba el Chango en un reportaje a la periodista Mona Moncalvillo-, que tiene en Atahualpa Yupanqui el primer estilista, donde el hombre comienza a cantar su problemática, las cosas que le pasan. Nace un chico en la puna y se acostumbra a un tipo de vida y cuando hace su música refleja sus problemas, sus penas y alegrías, sin darse demasiada cuenta… Hasta que aparece Atahualpa, que canta los problemas de esa gente”.

Si bien Atahualpa Yupanqui se burló de los Huanca Hua con un comentario socarrón también reconoció el mérito de Chango y de su familia. "M'hijto, lo que pasa es que ustedes, los Farías Gómez, son los únicos capaces de ponerle mostaza al asado y que no pierda el gusto", sentenció Don Ata.

El segundo lustro de la década del setenta fue, para Chango, los años del exilio. A su regreso, en 1982, comenzó a idear un espectáculo con su hermana Marián y con el pianista Manolo Juárez, que llamaron “Contraflor al resto”. Pero su proyecto más ambicioso de esos años fue Músicos Populares Argentinos ( MPA), porque se ponía a tono con la sonoridad de ese tiempo e incluía en temas del cancionero popular la estética que le ofrecían instrumentos como la batería o las guitarras acústicas con efectos. Para ese proyecto reclutó a una camada de muy jóvenes músicos, que estaba alineados con su manera de entender el folclore. Ellos fueron Peteco Carabajal, Rubén "Mono" Izaurralde, Jacinto Piedra y Verónica Condomí. Juntos grabaron dos discos, Nadie más que nadie (1985) y Antes que cante el gallo (1987).

Al Chango le gustaban todas las manifestaciones de la música, aunque entendía que había buena y mala: “Yo podría haber hecho spirituals porque los conocía perfectamente, pero en el momento de tomar la decisión salieron las chacareras y zambas porque era algo mía, que tenía al lado”.

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