CULTURA
El Premio Nobel de la Coherencia
Adolfo Pérez Esquivel ganó el máximo galardón mundial por su defensa de los derechos humanos en la época más oscura de nuestro país.
Nunca buscó premios, pero en 1980 recibió uno de los más importantes. Desde entonces, a pesar de su aspecto austero y casi monacal, a Adolfo Pérez Esquivel lo persiguieron y hostigaron más que antes. El premio Nobel de la Paz a este argentino no le había caído por casualidad: había sido nominado varios años consecutivamente por su trabajo con los pobres y marginados de América Latina; de hecho, el monto del premio (200 mil dólares) fue a parar a manos de ellos. Pérez Esquivel ostenta, sin embargo, el récord de haber sido adjudicatario de más de mil etiquetas ideológicas, según el gusto o la intención del adjudicador. Lo cierto es que como coordinador de la central del Servicio de la Paz y la Justicia logró desarrollar una intensa lucha por los derechos humanos de campesinos, obreros, jóvenes desposeídos e indígenas. Una lucha que no se limitó a los encarcelamientos o las torturas; pues recorrió todos los caminos posibles tratando de crear conciencia y de posibilitar a los pueblos ejercer sus derechos a la identidad y la libertad.
Nacido el 26 de noviembre de 1931 en Buenos Aires, Argentina, Adolfo Pérez Esquivel – además de ser reconocido activista- ha sido profesor, escultor y pintor. En 1971 comenzó a involucrarse en movimientos que luchan por la paz y la justicia a través de la no violencia activa (NOVA), por ese entonces ya se vislumbraba una red Latinoamérica que pasaría a ser el Servicio Paz y Justicia América Latina (SERPAJ -AL), que en la actualidad se encuentran en 11 países de América Latina. Tres años más tarde, participó en la creación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. A partir de 1976 se dedicó a viajar por el mundo llevando como bandera la defensa de los DDHH y a diseñar programas de ayuda y desarrollo junto a las comunidades indígenas latinoamericanas, movimientos obreros y otros grupos de personas necesitadas.
A propósito de nuestro país, el Premio Nobel ha destacado en más de una oportunidad que Argentina “es un país sin objetivos, sin proyectos políticos, en crisis moral y espiritual”. En ese sentido, una de las cosas que le n es que al país ya no se lo puede seguir remendando como a un pantalón viejo: “No más parches. Aquí se necesita una reforma profunda, una transformación amplia en toda la estructura del país”.
Según Pérez Esquivel, en Argentina aún impera una mentalidad colonialista, y basta para comprobarlo observar los caminos, los ferrocarriles, la cultura y la economía: “Todo se centraliza en Buenos Aires… Buenos Aires congrega casi el 50 por ciento de la población, y ha mirado siempre a Europa o a Estados Unidos. Rara vez han dado un giro de 180 grados para mirar el interior del país o América Latina. Todo se ha centralizado en Buenos Aires, para no hacer nada. Es como un gran cuerpo, con una gran cabeza que piensa mucho, pero que no puede actuar porque sus miembros están atrofiados”.
Los únicos capacitados para generar el cambio serán, según su tesis, los partidos que realmente tengan alternativas y proyectos válidos: “Tenemos que tomar la experiencia dolorosamente sufrida, para no caer en los mismos errores. Se necesita a la juventud, que es la gran ausente, marginada en el pasado y en el presente, usada y sometida a la alienación”.
Por su larga trayectoria en favor de la paz distintas universidades y facultades tanto nacionales como internacionales lo han galardonado con el Honoris Causa, por otra parte, un sin número de ciudades lo nombraron Ciudadano Ilustre. En la actualidad desempeña diversas funciones y cargos entre ellos: presidente del Consejo Honorario del Servicio Paz y Justicia en América Latina; presidente honorario del SERPAJ Argentina; presidente de la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires; miembro del Tribunal Permanente de los Pueblos.
