cultura

Entrevista a Julián Axat

Este poeta y abogado platense, asombrosamente prolífico, acaba de publicar un nuevo libro bajo el título Cuando escucho la palabra revólver.

Siempre tiene un proyecto de libro bajo el brazo, en una rara convergencia de calidad y cantidad. La poesía es evidentemente el campo de expresión predilecto de Julián Axat, una de las voces más altas de la actual poesía platense. Conversamos con él a propósito de la aparición de un nuevo libro suyo, publicado por Pixel, una valerosa editorial independiente de nuestra ciudad.

–¿Qué pasa en tu ánimo de poeta cuando escuchás la palabra revólver?

–Bueno, la frase que da titulo al libro proviene una inversión del slogan de Joseph Goebbels, que dice “Cuando escucho la palabra cultura, saco el revolver"; usada así para dar muerte a la cultura, como signo de estos tiempos en los que -desde el gobierno nacional- se está atacando y destruyendo las políticas culturales, se ataca a la diversidad. Entonces es tiempo de disparar con poesías y resistir a través de la palabra. De ahí la inversión “Cuando escucho la palabra revolver, saco un poema". Es una continuidad de aquel libro “Toda poesía es hostil al anarcocapitalismo”.

–Además de futuro tu poesía está cargada de memoria.

–La memoria está todo el tiempo, como memoria del pasado, pero también de futuro y de presente. No hay poesía sin apuesta, sin profecía. Se ataca también la memoria de los muertos, la derecha tiene esa manía de mortificarlos en su tumba. El libro es una queja o denuncia contra esa práctica.

–Traés el recuerdo de la matanza de Napalpí, demostrando que en nuestra tierra hay una larga historia de genocidios.

–Exactamente. Ese hecho lo tuve presente, porque se juzgó en un juicio histórico por la Verdad llevado a cabo en 2022 en Resistencia. Y porque está vinculado a un testigo privilegiado que entonces vivía en la ciudad de La Plata, el alemán Robert Lehmann-Nitsche. Al momento que se produce la matanza este personaje estaba presente en Chaco recopilando poesía y elementos de astronomía Toba. La sentencia del juicio lo nombra como prueba, porque hay una memoria hallada en Berlín por una investigadora, que cuenta el episodio. Yo retomo en el libro este hecho curioso, para reflexionar sobre la relación entre genocidio y poesía a lo largo de la historia Argentina.

–El libro produce el efecto de un álbum fotográfico, con la secuencia de imágenes que presenta, la precisión de los planos, la captura de situaciones y personajes en su esencia.

–Hay una relación entre poesía e imagen, pero que no necesariamente es lineal (un poema para una foto). De hecho hay varios poemas que podrían referir a varias imágenes. Pero también el núcleo de obsesiones en el imaginismo: espectros, testigos de episodios inhumanos, ciencia ficción o descripción de cuadros.

–Hay varios poemas escritos ante la tumba de distintos personajes. Más que epitafios son diálogos.

–Son diálogos de ultratumba con espectros. La operación era ir hasta la tumba de cada uno de esos personajes y escribir un poema sentado, mirando los túmulos. Así, en varios viajes que hice llevé mi libreta de notas y escribí esos poemas en distintos cementerios del mundo.

–Tu condición de abogado también está presente en el libro. Hay varios poemas en los que está aludida. Una necesidad de mantener la alianza entre el abogado y el poeta.

–Eso por lo general está marcado en muchos libros. La obsesión por la justicia, la ley y la palabra. Pero en este quizás esté más fuerte el poema. Lo jurídico es ya un problema de administración de la violencia, que me termina cansando un poco.

–Chile es un territorio profunda y profusamente invocado en tus poemas. ¿Por dónde pasa esa atracción?

–Amo a Chile, amo sus poetas, su aire, la cordillera y el pacífico. Amo a los Parra a Neruda y a Bolaño. Comer pescado en Chile y tomar la uva Carmenere. Tengo muchos amigos allá, sobre todo poetas y editores. Además, si me tengo que quedar con un fascismo, me quedó con el Chileno; los fascistas chilenos saben de literatura enserio. En argentina el fascismo es bruto, chato, lamentable.

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