CULTURA

Félix Luna y los medios de difusión

El historiador y autor de algunas de las letras más célebres de nuestro cancionero hace casi medio siglo reflexionó a fondo sobre la difusión pública en nuestro país.

El 2 de octubre de 1926, en el barrio de Soho –en Londres- un ingeniero electricista, casi inválido, colocó a un muñeco frente a un artefacto de su invención y fue a la habitación contigua para ver si la imagen se proyectaba sobre una pantalla. John Logie Baird acababa de inventar la televisión. Diez años más tarde, la BBC de Londres inauguraba el primer servicio público de televisión del mundo. En las décadas siguientes, la televisión fue sometida a crítica en todas partes del mundo. Nuestro país, no fue la excepción. El historiador y poeta Félix Luna, dedicó numerosas reflexiones al tema.

Su vasto conocimiento de la historia lo llevó a comparar a quienes despotrican contra la televisión como un avance tecnológico que achata la imaginación de los televidentes con los obreros ingleses del siglo XVIII que llamaban a destruir los telares mecánicos, porque entendían se eliminarían muchos puestos de trabajo. Argumentaba Félix Luna:” Es curioso: un hecho tan cotidiano, tan hogareño como la TV, es mirado de manera muy diferente según sea la posición del observador”. Comprobó que los intelectuales la veían con desconfianza o desdén y los sectores populares, en cambio, encuentran en la pequeña pantalla no solamente un descanso sino también una fuente de información altamente veraz. El autor de “Alfonsina y el Mar”, constató que esa polarización no se daba en la radio, o al menos no de un modo tan categórico. Comprobación que también hizo Jean Cazeneuve en Sociología de la Radio-Televisión: ''Si bien se puede estar a veces distraído frente a la pequeña pantalla, la TV, por regla general, moviliza la atención mucho más que la radio, la cual es utilizada, a menudo, como fondo sonoro mientras se realiza otra ocupación. La memoria, asimismo, sufre mucho más la influencia de la imagen que la del sonido... La imaginación es poco favorecida por la TV, ya que la imagen es mucho más absorbente que el sonido. La radio se dirige a lo íntimo del individuo; la TV nos saca de nosotros mismos, tiene más poder y, en consecuencia, se impone a nuestra personalidad. Desde el punto de vista intelectual, la radio, más cercana al libro, permanece en la abstracción, trasmite su mensaje por medio del concepto, mientras que la TV permanece en el campo de lo concreto”.

Félix Luna ponía el foco especialmente en la televisión porque, arguía, “tiene más repercusión que la radio en el espíritu del público argentino”. Señaló el desaprovechamiento de las posibilidades de la radio y la TV. Sobre todo, en materia de educación: “Una de las características más impresionantes del tiempo contemporáneo es la ansiedad general por educarse o perfeccionar la educación. La proliferación de institutos de enseñanza, oficiales o privados; la superpoblación de las universidades, la instrucción por correspondencia, la creación de nuevas carreras, las rebeliones estudiantiles contra formas pedagógicas envejecidas, el cuestionamiento del antiguo criterio de autoridad, el creciente informalismo de la enseñanza, todo converge hacia un dato único: los hombres y las mujeres saben que sus posibilidades de realización personal dependen en gran medida de la educación que logren incorporar. Frente a esta demanda arrolladora, la cuota de enseñanza que puede proveer el Estado o los particulares siempre parece rezagada. Esta situación puede remediarse en buena medida con un aprovechamiento más racional de los medios”. Basaba su sugerencia en experiencias de la UNESCO , donde el tema se ha estudiado a fondo y debiera a inducirnos a tener muy en cuenta esa posibilidad a la hora de redefinir en nuestro país la función que deben cumplir los medios.

Suena ingenuo en la Argentina de hoy, pensar que los medios pudieran servir para dar aliento desde la instrucción más elemental hasta el aprendizaje más sofisticado de ciencia y tecnología, creer como Félix Luna que “ toda la gama de la enseñanza cabe dentro de la pantalla pequeña o el trasmisor de la radio”. Pero el recuerdo de estas opiniones de un poeta, debieran servirnos para repensar el escabroso camino tomado por los grandes medios en nuestro país.

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