Matrimonios: entre el trabajo y la vida familiar

La vorágine cotidiana de la sociedad actual tiende a desgastar la relación conyugal. Varios especialistas recomiendan sobreponerse al estrés y privilegiar la unión marital

Actualmente, es frecuente encontrar muchos matrimonios que sufren una gran presión al buscar conciliar la vida laboral y la familiar. La falta de tiempo y energía para cumplir con todo suele provocar estrés y sentimientos de culpa. El trabajo, los hijos, la casa y otras obligaciones hacen que la lista de tareas sea interminable para algunos. No se sabe por dónde empezar, o a qué cosas se debería dar más importancia. “A pesar de los esfuerzos que hacen las parejas, a menudo se sienten derrotadas por la vorágine que impone la vida contemporánea y eso termina afectando la familia”, explicó la licenciada Constancia Caballero, profesora del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

Sin embargo, “no hay que dejar que el estrés domine nuestra vida, y evitar que la conciliación entre vida laboral y familiar sea imposible”, aseguró la especialista. 

“Esta relación trabajo-familia debe ser considerada en función de un criterio de unidad que lleve a tratar estos dos ámbitos como mutuamente beneficiados. No deberían enfrentarse, pues en realidad se complementan: el ámbito familiar se enriquece con la vida profesional y, a su vez, la vida profesional se llena de sentido y de ilusión desde la perspectiva familiar”, agregó.

Para llegar a un punto de encuentro, según palabras de Caballero, conviene ser prácticos y anticipar todo lo posible las labores. Además, la estabilidad de la organización familiar y laboral debe estar basada en las estrategias que los cónyuges planifiquen, en las prioridades que establezcan y las metas que fijen en lo que hace al desarrollo profesional y familiar. Para ello, “será muy importante elaborar un proyecto de vida en común que resguarde la unión propia del matrimonio y de la familia, y llegar a un acuerdo de cómo distribuir y realizar las tareas del hogar”, postuló.

Por otro lado, un factor indispensable para evitar inconvenientes es el resguardo de la comunicación entre los esposos y favorecer, con ello, el interés de uno y otro por las cuestiones referidas a los dos ámbitos.

Además, en este intento por flexibilizar la relación entre las distintas esferas, la actitud vinculada al descanso también debe ser tenida en cuenta. “Generalmente, los adultos no disponen de señales de alarma para detectar límites de tolerancia para el descanso. Hay que saber desconectar. Eso no supone no hacer nada, sino hacer algo distinto. Implica buscar y generar momentos de descanso y esparcimiento, que  beneficien la convivencia familiar”, consideró Caballero.

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“Una sana vida de familia requiere tanto cantidad de tiempo como calidad. Un modo de aprovecharlo es orientar los fines de semana y las vacaciones: un tiempo de libre disposición, para cuidar especialmente de nuestro matrimonio y de nuestros hijos, avanzando así en el deseado equilibrio”, concluyó la especialista.

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