cultura

Un pintor demoníaco

Nació en París con el nombre de Balthasar Kłossowski de Rola, pero pasó a la historia de la pintura con el seudónimo de Balthus.

Tildado de artista pervertido y autor de obras demoníacas, Balthus trató de aguar la leyenda en sus Memorias, donde indicó -para desmontar los prejuicios generados a partir de sus imágenes- que su sensibilidad parte de una infancia protectora, con unos padres cariñosos y atentos, en París: “El contacto con seres singulares, poetas y artistas, fue muy instructivo para mi vida de pintor. En el fondo todo viene de ahí, de esa mirada llena de dulzura que debes tener para que pueda darse la pintura. Tuve la suerte de ser educado en un ambiente muy culto y refinado”.

La Primera Guerra Mundial obligó a su familiar a trasladarse a Berlín y a Suiza, y después de la contienda, al separase sus padres se mudó a Ginebra junto con su madre y su hermano mayor. Allí, el nuevo compañero sentimental de su madre, Rainer Maria Rilke asumirá el papel paterno y se convertirá en un verdadero mentor para Balthus.

Admiraba a Piero della Francesca y a Cézanne. Su madre solía decir que de niño se dedicaba a copiar pintores, sobre todo a Poussin, “con escrupulosidad y tenacidad, pues para mí ésa era la mejor escuela”. Aseguraba: “Siempre me ha parecido indispensable esa modestia ante los grandes, captar algo de su pericia, de su generosidad, y así ir avanzando. Nunca fui a clase en ninguna escuela”. Y a pesar de la imagen candorosa que se empeña en transmitir, él y su hermano, Pierre, fueron la inspiración de la novela Los niños terribles (1929) de Jean Cocteau, amigo de los Klossowski.

Con su primera muestra, Balthus logró escandalizar a ambos extremos del mundo de la pintura parisino: los pintores avant-garde lo rechazaron por “retrógrado” (André Masson y un grupo de sus acólitos salieron disparados de la galería Pierre gritando: “¡Pero esto es figurativo!”); el resto de los visitantes se rasgó las vestiduras por el ejercicio de pedofilia y ninfomanía en los cuadros exhibidos. Unos y otros coincidían en una sola cosa: nada podía esperarse de ese ignoto jovencito que, para colmo de males, afirmaba ser un conde polaco.

Dos de los cuadros más famosos de Balthus pertenecen a esa primera muestra, y ambos tienen su historia. La calle fue adquirido años después por un coleccionista norteamericano, que sólo aceptó comprarlo si Balthus retocaba el modo equívoco en que una de las figuras masculinas del cuadro apoyaba su mano en la entrepierna de una púber(sólo asi pudo exhibirse en el Museo Metropolitano de Nueva York). El otro, llamado La lección de guitarra, sólo pudieron disfrutarlo unos pocos visitantes selectos en un cuarto trasero de la galería Pierre durante aquella primera muestra. Pasado el tiempo lo compró Matisse y lo donó al Museo de Arte Moderno de Nueva York.

A pesar de los grandilocuentes reconocimientos que recibió en Norteamérica, el pintor nunca quiso pisar el nuevo continente: “Odio cómo se colecciona allá. Hay más museos que artistas”, decía por toda explicación. A partir de los años ’50, con la publicación de Lolita, Balthus pasó a convertirse para el periodismo cultural en una suerte de Nabokov de la pintura. De nada sirvió que insistiera, una y otra vez: “Nunca he pintado fantasías eróticas. Ni siquiera he pintado sueños: pinto gente que sueña”.

Una de las cuestiones fundamentales de la obra de Balthus es su independencia de los movimientos de vanguardia de su tiempo, aunque en muchas ocasiones se ha tildado su obra de surrealista. Su estilo fue figurativo y absolutamente personal. Sus figuras son categóricas, perfectamente delimitadas por un dibujo muy rotundo que las hace incluso escultóricas en algunas ocasiones y en sus escenas combina elementos que nos traen reminiscencias del lenguaje surrealista, tan lleno de contradicciones, referencias oníricas, erotismo, inocencia y tensión.

En el ocaso de su vida, empezó a interesarse por temas como bañistas y paisajes en los que plasmaba su visión de su nuevo lugar de residencia en Borgoña. Finalmente se trasladó a Suiza con su segunda esposa donde murió en febrero de 2001.

Noticias Relacionadas