Boca arrancó firme: ganó, sufrió y dejó claro que todavía debe más

En la Bombonera, el Xeneize superó 1-0 a Riestra en su debut oficial del 2026. Dominó, generó y chocó contra sus propias imprecisiones, pero terminó quedándose con un triunfo necesario. El equipo mostró autoridad, pero también deudas estructurales que exigen respuestas en el cierre del mercado.

El Clásico

26/01/2026 - 00:20hs

Boca necesitaba ganar. No importaba el cómo, no importaba la forma: el inicio del 2026 exigía un resultado que cortara la inercia irregular del año pasado y permitiera mirar el horizonte con algo de aire. Lo consiguió con un 1-0 trabajado, sufrido y, al mismo tiempo, merecido ante un Riestra que volvió a demostrar que sabe incomodar a los grandes. Pero la victoria dejó sensaciones mixtas: Boca puede más, debe más y tiene con qué ofrecer algo mejor.

Desde el arranque, el equipo manejó la pelota y el territorio, empujado por la sociedad entre Leandro Paredes y Ander Herrera, que monopolizaron la circulación y buscaron constantemente activar las bandas. Exequiel Zeballos fue, una vez más, el arma más punzante: encaró, ganó duelos, fabricó faltas y obligó al rival a doblar marcas para frenarlo. Aun así, al conjunto de Diego Martínez —todavía en transición desde lo táctico— le faltó claridad en los últimos metros.

El primer tiempo dejó una radiografía clara: Boca llegaba, pero no lastimaba. Tuvo tres chances nítidas, todas desactivadas por un brillante Nacho Arce, figura excluyente de Riestra. Primero apareció ante un cabezazo quirúrgico de Belmonte; luego voló para tapar el frentazo de Lautaro Di Lollo; y más tarde vio cómo un centro envenenado de Blanco pegaba en el ángulo y salía. La sensación era inequívoca: Boca hacía todo menos el gol.

El complemento siguió el mismo guión, con un Riestra refugiado y decidido a sobrevivir. Boca insistió, movió piezas y buscó variantes, aunque su déficit ofensivo volvió a hacerse evidente: la falta de un 9 natural que imponga presencia en el área condiciona cada ataque. Janson, esforzado pero aislado, no pudo cambiar esa realidad. Y fue justamente un defensor, Di Lollo, quien terminó resolviendo el partido con instinto de goleador.

A 15 minutos del final, Paredes —el faro futbolístico del equipo— ejecutó un tiro libre perfecto al corazón del área. Di Lollo atacó el espacio, metió el frentazo y rompió el partido. Gol de otro partido, gol “a lo Boca”: pelota parada, jerarquía técnica y convicción. El 1-0 no se movió y trajo alivio, aunque también preguntas.

El triunfo fue justo, pero dejó expuestos algunos interrogantes estructurales. ¿Qué rol ocupa Belmonte jugando tan suelto? ¿Por qué el equipo sostiene un esquema que muchas veces lo deja sin presencia real en el área? ¿Cuánto más puede resistir Boca sin un centrodelantero de jerarquía, a una semana del cierre del mercado?.

La lectura es doble: Boca hizo lo que debía —ganar— y mostró recursos que permiten ilusionarse. Pero también arrastra deudas que el tiempo no resolvió. La diferencia, al menos esta vez, estuvo en el marcador. Y eso, en un arranque de temporada, vale oro.

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