CULTURA

Aurora Venturini, la más sorprendente de las escritoras platenses

Tuvo una larguísima vida literaria, pero recién a los 85 años le llegó el merecido reconocimiento nacional e internacional por Las primas, una novela tan original como incómoda.

Al fin un jurado honesto”, fue lo primero que dijo Aurora Venturini cuando se enteró que se le había acordado un muy importante premio por su novela Las primas. Tenía entonces 85 años. En su novela había retratado a una familia disfuncional de clase media baja en una historia ambientada en nuestra ciudad, en los años 40. El libro -que presentó al concurso con el seudónimo de Beatriz Portinari- tenía mucho de autobiográfico. Es una novela extrema, de una originalidad desconcertante, subrayó Alan Pauls, uno de los miembros del jurado: “Las mitologías del barrio, la familia, la sexualidad femenina y el ascenso social a través de la práctica de las Bellas Artes aparecen puestas en escena y desmenuzados por la voz inconfundible de la narradora, Yuna, una primera persona que contempla el mundo con una mirada salvaje, a la vez cándida y brutal, perspicaz y ensimismada, y lo narra con una prosa que pone en peligro todas las convenciones del lenguaje literario”.

Fue a la ceremonia de premiación apoyada en su bastón y previo paso por la peluquería. Su biografía estaba jalonada por hechos históricos. Había sido secretaria de Eva Perón, y cuando triunfó la autotitulada Revolución Libertadora formó parte de la resistencia peronista hasta que se vio forzada a irse del país: “Si en el 56 no me iba, hoy no estaría viva. Fue la época en la que conocí a Simone de Beauvoir, a Jean-Paul Sartre, a Violette Leduc, a Camus, a Ionesco, a tanta gente...”. En Sicilia frecuentaba al premio nobel Salvatore Quasimodo. El gobierno francés la distinguió con la Cruz de Hierro por sus traducciones de Francois Villon y de Rimbaud. Vivió 25 años en Europa: “Estuve tantos años lejos, que a veces, cuando me despierto en mi departamento de La Plata, donde vivo sola, no sé dónde estoy”.

Aurora Venturini era egresada de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, profesora de filosofía, lógica y matemáticas. Autora de más de treinta libros que incluyen poesía, ensayo, cuentos, crítica e investigación. Pero Las primas, marcó su aparición rotulante en el horizonte literario de nuestro país, y con una considerable proyección internacional. Al concurso se presentaron 650 manuscritos provenientes de toda América Latina y España, un jurado de preselección entre cuyos miembros estaban Mariana Enriquez, Liliana Viola y Claudio Zeiger decidieron cuál sería el pelotón del que saldría el libro ganador.

Decidió presentarse al concurso a último momento. Era un manuscrito tipeado a máquina, con numerosas correcciones en liquid paper. Cuando el jurado leyó el libro surgió la pregunta: ¿quién sería el autor de esa obra tan original y perturbadora? Manejaban dos hipótesis: una persona joven egresada de Letras, o alguien con mucha experiencia literaria que ya estaba de vuelta de todo. Esta última era la teoría de Juan Forn -otro de los miembros del jurado-. Estaba en lo cierto. Aurora Venturini era una octogenaria que se reía de los ismos y rehuía airosa de todos los encasillamientos.

Ser peronista fue una elección política que le trajo muchas consecuencias adversas, pero jamás escondió sus ideas, barriéndolas bajo la alfombra para congraciarse con el establishment. Cuando le llegó la hora de la consagración literaria, reafirmó su fe evitista: “Cuando Evita proponía algo lo hacía, no hablaba por hablar. Evita fue la mujer más amada y más odiada, odiada por las mujeres que no necesitaban trabajar y que se regían por sus apellidos, las que engordaban en sus jardines comiendo ostras y otras vituallas caras. En esa época el lugar reservado para la mujer era directora de escuela, maestra o monja. Yo estudiaba en la Universidad, pero éramos muy pocas muchachas.”

Confesaba roncar todas las noches y escribir ocho horas diarias. En 1991 fue nombrada ciudadana ilustre de nuestra ciudad La Plata. En calle 47 n° 510 hay una biblioteca que lleva su nombre., donde una biblioteca lleva su nombre. Cuando a los 85 años le preguntaron cuál era el secreto para estar tan bien, contestó: “Trabajar, trabajar y trabajar, escribir lo que te guste, ése es mi secreto”. Solo la muerte pudo detenerla. A ella. Los libros siguen circulando de mano en mano.

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