cultura
El arte y las Malvinas
Libros, películas y testimonios mantienen viva la memoria de la guerra y sus protagonistas
Desiderio García fue el padre de Ramón, un conscripto que participó en la guerra de Malvinas. Cuando le dieron la noticia de que su hijo había sido una de las víctimas, fue hasta el cuartel de Mercedes y, por medio de un intérprete –él solo hablaba en guaraní- quiso saber si había quedado algo de sus pertenencias. Le dijeron que no, nada que pudiera recordarlo. Esa historia fue narrada en “Pradera del Ganso. Una batalla de la guerra de Malvinas”, de Oscar Teves. El arte se ha encargado de que la memoria de esos 650 jóvenes asesinados en Malvinas vencieran a la tenacidad del olvido. El arte trata de adentrarse en lo que está más allá de las apariencias, lo que yace en las profundidades, esa zona donde nace la herida y el misterio.
Más de cuatro décadas han pasado desde entonces. Parte de nuestra memoria ha quedado fundida con el paisaje de esas tierras usurpadas que desde siempre queremos nuestras. “Iluminados por el fuego”, es una película dirigida por Tristán Bauer, basada en un libro del periodista excombatiente Edgardo Esteban, que puso de resalto comportamientos sádicos de los jerarcas militares para con los soldados compatriotas, como la práctica de estaquearlos a la intemperie con riesgo cierto de morir de hipotermia. La película impulsó la apertura de causas por delitos de lesa humanidad contra los superiores militares. Denuncias de abusos que nunca encontraron adecuada respuesta judicial.
Hay libros insoslayables sobre el tema como Los pichiciegos, de Rodolfo Fogwill, y Las islas, de Carlos Gamerro, que son muestras de audacia narrativa y relatos crudelísimos de lo sucedido. No sola la narrativa abordó de frente el drama de Malvinas.
Testimonios del arte que si bien no cicatrizan una herida, nos ayudan a comprender que forma parte de nosotros y, de esa manera, conocerla. Y conocernos.
