cultura

Entrevista a Miguel Ángel Solá

Está actuando en una obra de teatro Mi querido presidente, además dirige y es coautor de otra Match for love.

Es un actor ético. Alguien que machadianamente fue haciendo su camino al andar. Numerosas obras de teatro, películas y programas de televisión lo han tenido de protagonista, dejando en los espectadores la certeza de que se encontraban ante un actor capaz de entregarlo todo –sangre, expresividad y hasta la propia respiración- para que sus personajes tuvieran aquello sin lo cual no llegan a estar vivos: la verosimilitud. Dos obras de teatro actualmente en cartel -una que lo tiene como actor; la otra trabajando tras las bambalinas-, dan muestra de la vigencia de su talento.

—Seis funciones semanales como actor con “Mi querido presidente”, y otro tanto con “Match for love”, como director. Casi sin tiempo para respirar.

—Cuesta respirar, pero cuesta por la edad. Ya llevo tres cuartos de siglo de pie, entonces cada vez cuesta un poquito más. Pero la obra sale bonita, la gente se ríe y aplaude mucho, tengo un compañero que es una maravilla arriba del escenario y es una persona extraordinaria fuera del escenario. Así que eso te ayuda mucho, te da mucha ganas y te pone un poco más de energía.

—Por otro lado, la dirección de “Match for love”.

—La verdad que a mi me encanta; es una obra sencilla, toma como excusa la red de citas Tinder, por ahí se van comunicando los dos protagonistas de la historia, que son amigos desde hace años. Él era amigo del papá de ella y la heredó como guardián. Es una historia que va contando cómo a través de las aplicaciones de citas ellos se van dando cuenta de otra cosa que tiene que ver con el amor incondicional. Los que somos un poquito chapados a la antigua o que venimos de otras épocas seguimos creyendo en el amor cara a cara.

—"Mi querido presidente" es una comedia. Erróneamente se cree que la comedia es un género fácil, sin complicaciones, sin rigor. 

—Esta es una comedia inteligente. No es una comedia al uso ni las que se hacían con el guiño para recalcar el humor. Yo no tengo nada que ver con ese género tratado tan vulgarmente, no lo concibo. Lo que sí, para hacer una comedia inteligente, hay que tener una obra inteligente, y ésta es una obra que te deja el cuerpo picante, porque te hace pensar en las elecciones que uno hace en la vida.

—Es divertida.

—Maxi (De La Cruz) es extraordinario como actor, hace reír mucho a la gente y tiene un histrionismo formidable. No creí que iba a tener tanta facilidad para adaptarme a un género que no estoy acostumbrado a transitar. La gente responde muy bien: hemos incorporado al público como tercer personaje, porque respiramos con él, sentimos con él, pensamos con él y nos reímos al mismo tiempo que ellos. Hay intencionalidad, pero no hay dolo en lo que hacemos.

—El presidente de la obra tiene muchos de los defectos típicos del político profesional, pero tiene una virtud nada desdeñable: acepta que tiene un problema y quiere superarlo. Los argentinos sabemos que eso no es frecuente.

—No, eso no es frecuente. O sea, así nos han robado tanto en esta vida por esa indolencia, ese desprecio al bien común para hacerlo bien propio. Desgraciadamente, el país ha hecho un retroceso brutal en mucho tiempo. Desde la época del menemato esto ha ido involucionando de una manera espantosa hasta encontrarnos con una sociedad que es el vestigio de la sociedad que fue. Éramos felices creyendo que estudiar y trabajar formaban parte de la dignidad del ser humano, por lo menos así me crié yo. Ahora nos encontramos que el cincuenta por ciento de la población es casi analfabeta. ¿En qué momento los mandamases de este país decidieron ahogarlo?  ¿Y por qué?. No hay relación entre lo que fuimos y lo que somos. La responsabilidad es toda nuestra: la sociedad tiene que saber decir no, necesita poner un freno a todo eso; algo ha pasado y ha sido muy grave, y no lo podemos solucionar. No quiero con esto poner un mensaje pesimista, pero la reacción es necesaria. Si no la tenemos como población, nos vamos a hundir.

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