cultura

Hugo del Carril según su esposa

Violeta Courtois durante treinta años estuvo casada con uno de los mayores ídolos populares de nuestro país, y no temía confesar a la prensa las desventuras conyugales.

Hugo del Carril fue uno de los grandes artistas populares. Como cantor y director de cine su actuación fue descollante. Su voz es inseparable de la marcha peronista que entonó a dúo con Juana Larrauri. El conocimiento público que se ganó fue muy extendido, tanto en nuestro país como en buena parte de Latinoamérica. Pero en la intimidad, nadie lo conoció tanto como Violeta Courtois, la mujer que lo acompañó hasta el día de su muerte y con quien tuvo cuatro hijos.

Ella estuvo a su lado cuando el derrocamiento del peronismo desa­tó una ola feroz de revanchismo con quienes se habían identificado profundamente con ese movimiento. Cuando lo conoció, ella no era peronista, se fue haciendo a la vera de él. Ser peronista en años de la autollamada Revolución Libertadora no era fácil, dormían muy poco por las noches, temían un atentado. Antes Hugo del Carril era aclamado por las calles, cuando el peronismo cayó en desgracia comenzaron a mirarlo con desprecio. O mucho peor. Su esposa recordaba una anécdota: “Una noche teníamos que encontrarnos en el cine. Hugo es terriblemente puntual, y aquel día llegó con media hora de retraso y muy pálido. Mientras volvíamos en auto a casa me contó lo que le había pasado. Resulta que otro auto lo siguió por la calle hasta encerrarlo varias veces, a gran velocidad, para hacerlo estrellar contra otro auto o alguna pared. Querían matarlo, sin ninguna duda”.

A los 25 años pudo juntar dos de sus pasiones, la música y el cine: fue contratado para interpretar el tango Tiempos viejos, en la película Los muchachos de antes no usaban gomina. En 1945 –año crucial en la historia del peronismo-, actuaría junto a Libertad Lamarque y Eva Duarte –quien apenas unos meses después sería una de las hacedoras del 17 de octubre-, en La cabalgata del circo, película que precedería el éxito arrollador que Hugo del Carril alcanzó en México y que lo retuvo durante cinco años en ese país. Entre el estreno de la película y el viaje, grabó esa pieza en la que su voz sería secundada por multitudes a través de los años y a lo largo y ancho del país: La marcha peronista.

Violeta y Hugo se conocieron cuando ella trabajaba en SADAIC y Hugo iba a filmar allí una escena de “Culpable”. Simulan un asalto aprovechando que las ventanillas de atención al público se parecían bastante a las de un banco. Ella trabajaba en la sección contaduría. Él la vió y le pidió que interviniera como extra. Era un pretexto, claro. Ella lo admiraba, le gustaba el tango desde muy chica. Su padre, francés, adoraba el tango y ella adoraba a su padre. Para ella, Hugo del Carril era una figura remota, legendaria. No necesitó ir a un psicólogo para descubrir que valoraba en él las mismas virtudes que veía en su padre: experiencia de vida, madurez, sabiduría. Al principio, solo él hablaba: “Era como si su celebridad me aplastara. A veces era algo desesperante. Ibamos en auto y él hablando y hablando y yo diciendo siempre sí o no. Es que yo era muy tímida y tenía un doloroso complejo de inferioridad”. Ella no había alcanzado a terminar la escuela primaria, hecho que la hacía sentirse poco preparada y a creer más en la opinión ajena que en la propia.

Gracias a Hugo del Carril, su esposa pudo conocer a Juan Domingo Perón. Fue en Madrid, en 1964. Acompañaba a su esposo para presentar en México la película “Buenas noches, Buenos Aires”, pero previamente pasaron por Madrid. Perón los recibió en

Puerta de Hierro, junto con Jorge Antonio. Pasaron juntos un día entero. Violeta Courtois describió así al general: “Es alguien que puede hablar de cualquier tema con un dominio tremendo. Además, tiene un poder de seducción verdaderamente impresionante. Esa noche exhibimos la película que llevábamos a México. Perón estaba al lado mío y lo escuché llorar durante la proyección”.

Violeta Courtois era consciente de la atracción que Hugo del Carril ejercía sobre las mujeres pero decía estar “protegida contra los celos, la envidia, contra todo. Yo conozco a un hombre que puede conmover a miles de personas, y sé que es el mismo hombre que matea en casa a la mañana, que se enfurece cuando tropieza con la estupidez, que a veces tiene broncas y también miedo”.

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