CULTURA

La Patagonia legendaria

El sur de nuestro país fue escenario de historias alucinadas en las que se cruzan Charles Darwin y obreros fusilados.

La Patagonia es tierra fértil para los relatos. Tradiciones, ritos, conquistas y una geografía que fue construyendo a la lo largo de la historia una identidad propia, como si estuviese anidado a lo más hondo de la memoria nacional.

Fue en marzo de 1520 cuando la expedición española liderada por el navegante portugués Fernando de Magallanes arribó a la Bahía de San Julián, en la actual provincia de Santa Cruz. Al entrar en contacto con los pueblos nativos de la región, los exploradores españoles quedaron fascinados por la estatura imponente de estos habitantes. Según los relatos de viaje, los españoles apodaron a estos nativos como «patagones» por dos razones principales: primero, por el tamaño de sus huellas en la nieve y la tierra, producto del calzado especial que utilizaban; y segundo, por la asociación que hicieron con Patagón, un gigante de la mitología griega.

Este mítico personaje, Patagón, había aparecido incluso en algunas novelas de caballería como el Amadís de Gaula, una de las obras que Cervantes satirizó en su famoso Don Quijote. De esta forma, los exploradores españoles bautizaron a la región como «Patagonia», en honor a estos nativos de proporciones gigantescas que les habían impresionado.

A mediados del siglo XIX, cuando Charles Darwin tenía 22 años y aún no sabía qué hacer con su vida, desconocía que se estaba preparando una expedición que tendría el objetivo de completar los trabajos de hidrografía en la Patagonia y en Tierra del Fuego, que habían sido iniciados por el capitán Phillip Parker King entre 1826 y 1830. Aún quedaba por estudiar la hidrografía en las costas de Chile y Perú, adentrarse en las islas del Pacífico y realizar medidas cronométricas alrededor del mundo. Se embarcaría en el Beagle, un bergantín que había sido botado en 1820. Contaba con 27,5 metros de eslora, de 10 cañones y con una tripulación de 120 hombres.

Fue contando a su familia, en detallas cartas, sus impresiones del viaje, material que se transformó en su famoso diario. Lo que le preocupaba era si las especies habían sido creadas por una mano divina, se preguntaba por qué había tanta desemejanza entre individuos de una misma especie. Y, fundamentalmente, indagó qué constituía una especie. Al regreso, el 2 de octubre de 1836, estaba seguro que deseaba ser naturalista. “El viaje del Beagle ha sido con mucho el acontecimiento más importante de mi vida y decidió toda mi carrera”.

La masacre de los obreros rurales patagónicos en 1921 fue un tema tabú, el hecho más escondido de la historia del proletariado argentino del siglo XX. La Patagonia rebelde, de Osvaldo Bayer, crónica vertiginosa y documentada como pocas, fue el libro que logró contar el anarquismo como nadie lo hizo y ponerlo en el radar del gran público a partir de la recuperación de las voces de sus protagonistas: el Gallego Soto, Facón Grande, Albino Argüelles, Kurt Wilckens. Este clásico imperdible, reeditado por Siglo XXI, título con el que la editorial inaugura la colección “Biblioteca Osvaldo Bayer”, arrojó luz sobre el modo en que estancieros, poder político, jueces, bandas paramilitares y periódicos demonizaron a los militantes y conspiraron para aplastar el levantamiento. La represión se convirtió en una cacería humana cuando el escuadrón comandado por el teniente coronel Varela fusiló sin juicio a mil quinientos huelguistas.

El historiador, periodista y escritor empezó la investigación cuando el historiador Félix Luna le pidió para Todo es historia que escribiera sobre las huelgas patagónicas. Entonces arrancó con un hecho ocurrido en Buenos Aires del que poco se sabía, un atentado de un anarquista alemán contra un teniente coronel del ejército argentino. ¿Por qué Kurt Wilckens mató a Varela, el 27 de enero de 1923 en la puerta de su casa de la calle Fitz Roy 2461? En el prólogo titulado “El ángel exterminador” de La Patagonia rebelde, se narra ese asesinato.

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