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El escritor argentino, que durante casi cuarenta años vivió en Francia, tuvo una relación muy profunda con el cine tanto en su carácter de docente como guionista.
31/01/2026 - 00:00hs
En 1962 Juan José Saer ingresó como profesor de Crítica y Estética del Cine en el Instituto de Cine de la Universidad Nacional del Litoral, cátedra que ocupó durante seis años, hasta que decidió vivir en Francia. Pero su relación con el cine no se agotaba en la docencia, sino que también muchas veces fue convocado como guionista. De joven, su pasión por el cine fue tan grande que hasta llegó a soñar con ser director.
“El encuentro”, una película de 1966 dirigida por Dino Miditti, marcó la iniciación de Juan José Saer como guionista de largometrajes. Al menos fue su primer guión filmado. Saer había viajado a Buenos Aires desde su Santa Fe natal para participar en un congreso de la cultura, en donde se encontró al director de cine quien había escrito un cuento - “El taximetrista”-, cuya única copia se la había dado a Ernesto Sábato. Al día siguiente fueron a buscar el texto a la casa de Sábato. A los pocos días, Saer ya había escrito el guión.
Un año antes había participado en una versión del guión de “Pajarito Gómez”, una película de Rodolfo Kuhn que retrata el mundo de la llamada Nueva Ola, finalmente, el director encomendó el libro a Francisco Urondo. Seguirian otros guiones como “Nadie nada nunca”, que se convertiría en una de sus novelas más innovadoras y logradas, y “Palo y Hueso” –basado en un cuento de su autoría- , que de las películas en las que participó fue la que más lo enorgulleció
No sólo su versión de “Pajarito Gómez” quedó sin estrenar, tampoco se estrenaron “Responso” –que iba a ser dirigida por Lautaro Murúa- y en cuyo guión trabajó junto al paraguayo Augusto Roa Bastos: “Ese trabajo me llevó a la celebridad, pero no por el trabajo en sí. Era 1964 y se hacía el Congreso de Escritores en Paraná. Yo fui pero para poder trabajar con Roa. Entonces se armó el gran lío y algunas cosas que dije aparecieron en diarios y revistas de actualidad.” Tampoco llegó al estreno “Zama”, su adaptación cinematográfica de la novela de Antonio Di Benedetto que le encargara Nicolás Sarquís, pero que recién se llevaría muchos años después por Lucrecia Martel en una versión de la novela guionada por ella misma.
Decía: “Me aburre adaptar mis propios textos para el cine. Es como volver a escribir una cosa que ya escribí y escribirla de otra manera. Conozco muy pocos ejemplos de buenas adaptaciones. El ejemplo clásico de una gran adaptación de cine es para mí “Las amigas” de Antonioni basado en “Entre mujeres solas” de Pavese. Ahí está todo Pavese y todo Antonioni al mismo tiempo”.
En Francia, Juan José Saer siguió escribiendo guiones como “Las veredas de Saturno”, dirigida por Hugo Santiago y con el bandoneonista Rodolfo Mederos en el papel protagónico, y el guión de “Las nubes de Magallanes”, dirigida en Argentina por el francés Frederic Compain, que un día lo llamó por teléfono diciéndole que quería filmar una película en la Patagonia. El director le llevó una fotografía que había sacado de una película y le preguntó al escritor si podía inventar una historia a partir de esa imagen. Al día siguiente, Juan José Saer le llevó un texto de seis páginas titulado “Experimentos patagónicos” que sería el inicio del guión que le encomendaría.
Otro de los proyectos en los que estuvo abocado fue una historia de la inmigración en Argentina en seis capítulos, una coproducción entre la televisión francesa y la argentina, que no tuvo estreno en nuestro país.En youtube puede verse una mesa redonda de la que participaron Julio Cortázar, Nicolás Sarquís, Augusto Roa Bastos y Juan José Saer, en la que se ve a estos dos últimos declararse cinéfilos compulsivos y contar que el cine les permitió experimentar formas nuevas en sus respectivas literaturas.
Juan José Saer creía que el guionista no es un artista, es un artesano. Pone una serie de técnicas al servicio de otro. Se trata de imaginar situaciones, acciones y –sobre todo- organizar la intriga y los diálogos. Alguien que puede ayudar a materializar lo que el realizador no logra precisar porque no se puede expresar a través de la palabra.