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Un bancario contra la dictadura

Omnis Lux D´Angelo fue un sindicalista que, en tiempos del Proceso, mantuvo izada la bandera de la dignidad gremial.

La trayectoria gremial de Omnis Lux D´Angelo no difiere mucho de la de cualquier buen sindicalista; vino de abajo, escaló posiciones gradualmente, llegó a la conducción nacional y ahí fue cuando sistemáticamente aparecieron acusaciones – principalmente por parte de los gobiernos militares- de haber cometido irregularidades. Después no se pudo probar nada; pero el estigma quedó y solía usarse según las conveniencias del enemigo.

Inició su carrera gremial en un Banco de Rosario, en el que permaneció durante 24 años, tras haber sido empleado de comercio, marmolero y metalúrgico. Mientras ascendía en el escalafón bancario, también iba creciendo su figura en el campo sindical hasta que, en 1970, elegido por el voto de sus compañeros pasó a cumplir funciones en la conducción nacional de la Asociación Bancaria. Enrolado en el peronismo histórico, era considerado como un dirigente honesto y paz que desechaba antinomias y basaba su acción en la unidad pluralista del gremio, para la recuperación de los derechos perdidos.

Crítico de la Dictadura que sistemáticamente intervenía gremios adversos y culpaba de todos los males nacionales al sindicalismo, exhortó al país a deponer partidismos que agrietaban la fuerza de la sociedad civil, a distinguir bien al enemigo, y acordar, entre todos los sectores, un convenio para salvar la República. El 28 de enero de 1977, el director general de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que entonces era Francis Blanchard, recibió una carta de parte de la Confederación Mundial del Trabajo, una entidad con sede central en Bruselas. En esa carta, el secretario general adjunto de esa confederación, José González, denunciaba la "gravedad de la represión y la violación de las libertades fundamentales de los trabajadores" que, por aquellos años, atravesaba el movimiento obrero en la Argentina, bajo la dictadura cívico militar eclesiástica. La carta llevó adjunta una lista con 499 “obreros, dirigentes sindicales y sin cargo alguno, que han sufrido la represión del régimen actual", que “han sido detenidos, secuestrados, desaparecidos, asesinados o que por estar a disposición del Poder Ejecutivo nacional optaron por salir del país y no pueden regresar a la Argentina pues serían encarcelados nuevamente".

En 2017 la Comisión que funciona bajo la órbita del Ministerio de Obras Públicas de la Nación se propuso iniciar conversaciones con la oficina de la OIT en la Argentina para solicitar la apertura de archivos de ese organismo que reflejaran reclamos vinculados a la persecución y exterminio del movimiento obrero por parte de la última dictadura cívico militar.

D´Angelo vino de una vieja lucha sindical: “Cuando fuimos despojados del gremio- le aseguró a la periodista Mona Moncalvillo- nos pusimos a rearmar los cuadros, a pesar de los compañeros detenidos. Cuando se dieron las oportunidades, integramos el Movimiento Sindical Peronista, que fue primera reacción del gremialismo argentino. Los bancarios estuvieron representados por Jorge Vázquez y por mí”. Asimismo, D´Angelo entendía que al morir el general Perón, el Movimiento se debía organizar de abajo hacia arriba, permitiendo que afloraran los más capaces, honestos, leales y doctrinarios, con profunda solidaridad hacia los compañeros.

Cuando le consultaron acerca de los errores que no podía volver a cometer el sindicalismo, D´Angelo sostenía que éste, como todos los sectores del país, aprendió a compartir la necesidad de reflotar la República: “El sindicalismo no es culpable de la debacle; quizá tendremos una porción de culpa, puesto que todos hemos cometido errores: militares, profesionales, sindicalistas… el clero mismo, porque con sus grandes silencios acalló muchas cosas y no sólo de ahora; no olvidó los fusilamientos de junio y la barbarie de haber bombardeado al pueblo en Plaza de Mayo”.

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