cultura

Un maestro del periodismo

Rogelio García Lupo investigó el papel de los monopolios y los estrago de la diplomacia norteamericana, con enorme solidez y honestidad.

Aunque no figuraba en su libreto convertirse en un especialista en cemento armado y la construcción de obra pública, tuvo que hacerlo durante sus años de exilio interno. Lo insólito es que se trató de un hombre de la cultura, escritor y periodista, con una trayectoria de más de 30 años y talento reconocido en el país y en el extranjero. Rogelio García Lupo permaneció en Argentina como un “fuera de borda” y recién con el final de la dictadura cívico militar pudo retomar su actividad profesional en distintos periódicos: “Tiempo” de Madrid, “Unomasuno” de México y “El Nacional” de Caracas.

Nació en Buenos Aires en 1931, hijo único de familia italiana por parte de madre y española por parte de padre. Vivían en Belgrano R, un barrio de inmigrantes europeos. En su casa imperaba un fuerte sentimiento antibritánico y antinorteamericano y se seguía con especial atención lo que pasaba en Italia. Ahí surgió el interés de Rogelio por el nacionalismo, que fue lo que le atrajo del peronismo, del nasserismo y de la revolución cubana. Junto a Gabriel García Márquez, Rodolfo Walsh y Jorge Massetti, fundó la agencia de notificas cubana Prensa Latina. Con Rodolfo Walsh participaría en otra aventura periodística, fundar el periódico de la CGT de los Argentinos.

Su historia de persecuciones se inició en 1962 con la aparición de su libro “La rebelión de los generales”, al que le siguió “Mercenarios y monopolio en Argentina”. Su iniciación periodística se remonta a la adolescencia, cuando lo habían bautizado Pajarito, en medios como Noticias Gráficas, Qué, Usted, Primera Plana y Prensa Latina (la cual fundó junto a Rodolfo Walsh y Jorge Masseti). Durante el gobierno peronista fue director de Eudeba, gestión inolvidable en su vida por lo que pudo hacer en favor del libro argentino: se pusieron en marcha muchas colecciones, a pesar de que una parte de lo que se editó eventualmente fuera destruida.

No obstante, su actividad periodística comienza realmente con una revista mensual de literatura llamada “Contingente”. La dictadura lo censuró, acusándolo de peronista. El propio García Lupo aseguraba: “Debe haber sido una combinación de mis libros anteriores y de mi paso por Eudeba. Cuando Ottalagano asumió el rectorado, presenté la renuncia como todo el directorio de Eudeba”. Lo cierto es que dejó media docena de libros que compilaron sus artículos publicados en diarios y revistas, que le dieron fama de sabueso metódico por el uso de datos precisos y fuentes diversas que mostraron aspecto ocultos pero decisivos de la realidad.

“Diplomacia secreta y rendición incondicional” fue uno de sus libros más célebres. Ese libro, según García Lupo, surgió de escribir para el exterior: tiene una técnica que requiere no escribir más de 1.400 palabras, porque se enviaba por télex, y además pensar que el que leía no sabía demasiado del país en que uno escribía. El resultado fue que así se desarrolló una aptitud para explicar todo desde el principio, de un modo muy concentrado.

Cuando fue consultado por la cuestión Malvinas, el periodista aseguró con la lucidez que lo caracterizaba: “Las Malvinas no pueden ser recuperadas como consecuencia de una acción violenta, no ya argentina, sino ni siquiera latinoamericana. Creo que, en el estado actual de las relaciones mundiales entre los bloques, la suerte de las Malvinas está ligada a una alteración esencial de los equilibrios mundiales. Es decir, las Malvinas son ya un componente del sistema de seguridad de la OTAN, sobre la base de que prescinde de la opinión argentina en cuanto a integrar las Malvinas a ese dispositivo de seguridad. Del mismo modo que se prescinde de Cuba para considerar a Guantánamo en el esquema de seguridad de esa isla. Entonces hay que pensar que la suerte de las Malvinas ya no depende de nuestra voluntad, ni de nuestra capacidad de negociar. Depende de la relación de fuerzas en el mundo entero”.

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