Estudiantes 0 - Gimnasia 0

Clásico platense: cero en juego, cero en el resultado

Estudiantes y Gimnasia empataron 0 a 0 en el estadio de 1 y 57 porque uno se quedó rápidamente sin resto físico y el otro falló en la resolución. El Pincha sumó méritos para ganar el partido, pero desaprovechó las situaciones que generó. Rodrigo Rey también fue clave para el resultado, y quedó demostrado que los contagios de coronavirus le dejaron secuelas al Lobo.

Se estudiaron, se atacaron y, al final, se conformaron. Estudiantes y Gimnasia quedaron en deuda con los goles, en parte también con el juego, y se repartieron el resultado. Un punto para cada uno no le hizo mal a ninguno. Fue, acaso, el mal menor, en el contexto de una clara baja en el rendimiento de los equipos de nuestra ciudad, que por diferentes motivos no terminan de explotar ni consolidarse de forma contundente en la Copa de la Liga.

A esta altura no hay dudas de que Gimnasia padeció las secuelas de los contagios masivos de coronavirus: sobre la hora perdió a Lucas Barrios y todos los jugadores que se recuperaron de este maldito virus jugaron a otro ritmo, como sintiendo la falta de recuperación de oxígeno y siendo claramente superados por el rival en las pelotas divididas.

Estudiantes, en cambio, falló en la definición y dejó pasar la oportunidad de dar el gran salto de calidad.



El equipo arrancó mejor, imponiendo condiciones y tratando de llevar el ritmo del partido. Durante los primeros cinco minutos, Rodríguez y Gómez ganaron el duelo ante Mancilla y Ayala, y abrieron el juego por la derecha y por la izquierda. De allí partieron pases cruzados de Pasquini y Ángel González buscando a Martín Cauteruccio y Leandro Díaz.

El Lobo se replegó y a la primera de cambio contrarrestó con una subida de Carbonero, que le ganó fácilmente las espaldas a Godoy, entró al área con pelota dominada y, ante el achique de Andújar, buscó dar un pase sin destino que terminó cortando Rogel al córner.

El Lobo se despertó, se animó y entendió que Estudiantes no era impenetrable. Brahian Alemán se puso el traje de armador, pidió la pelota y hubo mayor protagonismo de Ayala y de Mancilla.
Eric Ramírez compensó el peligro que de a ratos provocaba Carbonero y el partido se hizo de ida y vuelta.

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Estudiantes, sin embargo, volvió a inclinar la cancha a su favor a partir del minuto 25, cuando llegó primero con un remate de Díaz que rozó el travesaño, luego con otro remate del mismo delantero que se desvió en un defensor dentro del área y finalmente con un disparo de Cauteruccio.

Con el correr de los minutos, el Lobo bajó claramente su intensidad, acusando el cansancio por tener muchos jugadores recién recuperados del coronavirus, y Estudiantes pisó el acelerador y sumó méritos para irse arriba al descanso.
En la parte final fue un monólogo del Pincha hasta los cambios, que le dieron cierto respiro al equipo visitante. En la balanza de las llegadas, Andújar se frotaba los guantes para no perder ritmo ni enfriarse, mientras que Rey no paraba de sacar remates, achicar jugadas y descolgar centros.

Estudiantes, que como local tenía la obligación de ganar, se dio el lujo de no incluir a Darío Sarmiento para sacar provecho del déficit físico de Gimnasia, cuyos jugadores trotaron la cancha en el segundo tiempo.

Harrinson Mancilla, a quien la Covid-19 parece haberle pegado muy mal, se fue expulsado por llegar a destiempo en una falta y el equipo quedó aun más debilitado.



Weigandt fue una sombra del jugador que había sido figura del equipo en los primeros tres partidos de la Copa, y a Carbonero le alcanzó para desbordar dos veces y luego regular el cansancio.

En el Pincha, Leandro Díaz perdió un gol increíble definiendo al travesaño en la misma posición en la que el Vasco Azconzábal había definido el clásico de 1997 sobre el arco del Albert Thomas, y el arquero del Lobo le sacó el gol a Castro cuando intentó definir como venía al segundo palo en el último minuto, después de un centro llovido de izquierda a derecha.

El Lobo se fue conforme. El Pincha se fue molesto. Faltó cabeza para cuidarse de los contagios en Gimnasia, y definición en Estudiantes para resolver las jugadas que le hubieran permitido otro festejo ante el eterno rival. La ciudad está en paz.

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