ENTREVISTA EXCLUSIVA

El testigo privilegiado de la historia Argentina

Diario Hoy dialogó con el histórico fotógrafo presidencial Víctor Bugge, quien desde hace 42 años captura los principales momentos de la política del país.

Víctor Bugge comenzó a trabajar en Casa Rosada en 1978, cuando tenía 21 años. En esos días oscuros, la Casa de Gobierno estaba ocupada por el genocida Jorge Rafael Videla. En una charla con diario Hoy, el profesional recordó algunos de los episodios más destacados de la historia política de nuestro país.

—Realiza el mismo oficio que su padre, ¿qué consejos le dio y qué cosas le sirvieron para dar los pasos correctos en este ámbito tan particular?

—Mi viejo era de los hombres duros de la fotografía de esa época. Eran los muchachos que miraban la luz y te decían qué diafragma tenías que usar, qué velocidad. La antítesis de la tecnología. Yo cuando a veces le preguntaba algo me decía: “Vos acá y no jodas” (risas). Así que, en esas palabras estuvieron todos los consejos de mi viejo. Y después, ya con el solo hecho de mirarlo a él y los muchachos de esa época con los cuales yo me crié, que fueron los grandes de la fotografía, era un curso acelerado.

—Muchos años de trabajo e hitos históricos. ¿Cuál es el mejor para usted, en cuanto a fotografía, y porque lo marcó desde lo personal?

—Es medio difícil que sea uno. Siempre cuando me preguntan, no me animo a elegir ni una foto ni un hecho. Hubo muchas situaciones que es difícil separarlas. Es difícil decir el Papa Francisco, o hablar de lo que pasó hace poco con la muerte de Diego bajo el techo de las Casa Rosada. O Semana Santa. O La asunción de Alfonsín el 10 de diciembre de 1983 que salíamos de la dictadura. Es muy difícil que pueda elegir uno.

—Estuvo en varios velorios, el de Maradona, que fue multitudinario, ¿qué recuerda? ¿Cuáles otros también han sido masivos?

—Yo sin ser fotógrafo participé en el velorio de Perón, en el 74. Ese fue un momento impresionante. Como fotógrafo acompañé al presidente Menem en el velorio de su hijo Carlitos. El traslado fue muy emotivo, hubo mucha gente en la calle. Y lo de Néstor también fue terrible, creo que no se había velado nunca un expresidente en la casa de gobierno. Y ahora Diego, que es uno de los círculos que yo desgraciadamente con la muerte de él cerré, porque yo lo fotografié en el balcón en el 86, cuando todos éramos felices y llorábamos. Y este último día, esa foto solamente nos dio la posibilidad de llorar. La relación con Diego era exclusivamente bajo el techo de la Casa Rosada y fue siempre de mucho cariño. Nos conocimos en el 79, cuando el trajo la copa del mundial juvenil, en Japón. Tuvo un gesto muy impresionante cuando yo le propuse ir a repetir el 86, cuando lo vino a ver a Alberto: me agarró de la mano y me llevó hasta el balcón.

—¿Cosechó amistades con políticos?

—Yo no sé cómo medir la palabra amistad, pero siento que en el reencuentro con el pasado, como diría el tango, siempre me siento reconocido por la mayoría de los que pasaron por la Casa Rosada. Me di cuenta de que cumplí, gente muy grande me dice: “Todavía tengo tu foto”, o sea, si eso es amistad, son miles. Pero por suerte siento ese reconocimiento, y eso para mí es suficiente
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—¿Alguna foto que no pudo sacar, que estaba ahí pero justo lo taparon y pasó el momento?

—La verdad que a esas no las recuerdo. Si me la perdí, me perdí, Y si me acuerdo que la perdí, prefiero olvidarme. Pero sí, hay algunas… Uno no puede hacer todo. Como tenés los aciertos tenés los fracasos. La única que asumo como foto no hecha fue la del levantamiento carapintada en Campo de Mayo, debido al momento que se estaba viviendo ahí; y el encuentro de Rico con Alfonsín, que fue un hecho de mucha tensión donde hubo un desborde del pueblo, de la gente de la zona, y más lejos también, que querían ingresar al regimiento de Campo de Mayo. Había una tensión muy grande, a los gritos de “avanza la civilidad”, que traducido quería decir que la gente estaba entrando al cuartel. Y yo la verdad que ahí decidí no hacerla. Como siempre digo, por tratar de no interrumpir ese encuentro acompañado por el miedo.

 —Una imagen que logró capturar y le pidieron que no publique...

—Hubo una metodología que se instaló en el tiempo del PRO donde había mucha gente dedicada a observar la fotografía que hacía uno. Algunos elegían, pero es un tema que yo no tengo en cuenta porque yo sé quién soy. El problema es que cuando ingresa el celular en acción, los reporteros gráficos o los profesionales de la fotografía comenzamos a tener una competencia sana. A mí me gusta lo que está pasando y que todo el mundo haga fotos, pero me parece que en el tema de lo que sería el laburo nuestro, tanto en la Casa Rosada como en la Casa Blanca, o donde se te ocurra, me parece que ahí tiene que pesar la mirada profesional. Si un entorno trabaja con el teléfono, muestra de una forma que quizás tenga la suerte de acertar y quizás no. Yo trato de que lo que mío sea lo parecido a lo que pasa ahí adentro. Hasta ahora creo que más de una foto lo logró.

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