cultura

Entrevista a Mauricio Dayub

Conversamos con el actor, director, dramaturgo y productor, sobre su nueva visita a esta ciudad que desde hace muchos años hizo suya.

Nada de lo teatral le es ajeno. El escenario transmuta en creatividad todas sus energía. Actúa lo que escribe y toma la brújula como director. Por si fuera poco, es dueño de su propia sala “ Chacarerean Teatre”, que abrió en épocas malas y mantiene en tiempos peores. Vuelve a nuestra ciudad con “El equilibrista”, un fenómeno teatral en el que la calidad del espectáculo y la cantidad de espectadores llegan a la misma altura.

—¿Cuál es la imagen personal más antigua que tenés de la ciudad de La Plata?

—Voy por lo que se me cruza por la cabeza: El Picadero con Pepino el 88 y el nacimiento del Teatro Argentino; el cafecito a la tarde viendo pasar estudiantes con carpetas de todo tipo en la zona del Coliseo. Y, ya más cercano en el tiempo, ese público tan fuerte, tan expresivo, tan amoroso, que me espera en el hall cada vez que voy.

—Viniste casi una docena de veces. El regreso a La Plata ya tiene algo de ritual.

—Sí. Lo que más me gusta es que se fue haciendo de menor a mayor, un poco como ha ido siendo mi historia, que empezó moderadamente y ahora está a pleno. Fui con la primera versión de

El amateur hace más de 28 años, y ya me sorprendí cuando le pregunté al productor cómo iba la venta - pensando que íbamos a tener que suspender- y me dijo: "Ya hay más de media sala". Siempre recuerdo más los momentos de apoyo en épocas difíciles que cuando las cosas van mejor. Y La Plata me demostró su interés en los comienzos.

—Hablemos un poco de El equilibrista. Decí lo que quieras sobre la obra.

—Te tendría que hablar de los números ahora. Hace poquito editamos los dos libros –El amateur y El equilibrista- y, además, del texto de las obras, pusimos comentarios de la prensa, del público, y nombramos las ciudades en las que hemos estado y los años que llevamos en escena. En números: más de 850 funciones; más de 80 ciudades de Argentina; más de 450 mil espectadores. Un espectáculo que esencialmente es la historia de mi familia y que en estos 8 años ha identificado y reencontrado con su propia vida a tantísimos espectadores que han venido a verla más de una vez, y generalmente vuelven con alguien muy querido para que le pase lo mismo que a ellos.

—Uno de los presentadores del libro fue Mauricio Kartun, alguien ligado fuertemente a tu formación.

—Te tendría que decir que le deseo a todo aquel que escriba lo que me ocurrió a mí, teniendo 28 años, de conocer a Mauricio y de tener la confianza suficiente como para un día decirle que necesitaba una opinión. Si yo no hubiera tenido la opinión que tuve en ese momento, no sé si mi historia hubiera sido la misma.

—Hay algo que te diferencia de la mayoría de tus colegas y es la posibilidad de escribir.

—No es lo mismo escribir y actuar. De hecho, también, por otras imposibilidades, me vi obligado a producir. Uno inicia con la hoja en blanco, escribe las palabras, tiene la responsabilidad como productor de convocar a las personas más idóneas, armar el proyecto; y después subirse al escenario - en mi caso, exagerando, en mi propia sala-, tiene la posibilidad de testear esos cuatro rubros junto al público.

—Y comprobar si funciona eso que se imaginó en soledad.

—Cuando uno ve que funciona la satisfacción es impagable. Pero también cuando he descubierto que lo que creía que iba a producir no se produce y, gracias al espectador, tengo la posibilidad de modificarlo, de acortarlo, agrandarlo o correrlo, de acuerdo a esa mirada del público que termina de hacernos entender de qué se trata lo que queríamos decir antes de que llegue la gente. Yo siempre creo que hasta que no hago veinte o treinta funciones no sé del todo exactamente lo que quería compartir con la gente.

—¿Fue primero el escritor o el actor?

—El actor. Lo primero para mí es el escenario. El escenario manda, es el que te dice si la palabra del autor debe o no ser cambiada. Cuando la escena se pone en acción te demuestra si el producto gastó dinero de más poniendo algo en la escenografía, si el músico puso acordes de más subrayando la situación, si el actor está haciendo gestos de más para darle credibilidad a lo que está haciendo. Si uno sabe escuchar al escenario, tiene la verdad.

Noticias Relacionadas