Cultura

La extraordinaria vida del autor de Las crónicas de Narnia

C. S. Lewis fue soldado, profesor, religioso, y cobró fama mundial como escritor. En sus obras están dispersas muchas de las claves de su vida.

Cuando el joven C. S. Lewis peleó en el Frente Occidental en 1914, calzando botas nuevas y un arma que aún no sabía usar, no se le cruzaba por la cabeza convertirse en escritor de ciencia ficción. En esas circunstancias, se hizo muy amigo de un joven soldado irlandés, Paddy Moore. Se prometieron que, si alguno de los dos moría, el otro se haría cargo de su familia. Paddy murió, y Lewis fue dado de baja, herido. Una vez recuperado, buscó a la familia de su amigo y se hizo cargo de ella hasta el último día.

Nacido en Belfast (Irlanda) en 1898, hijo de padres anglicanos de ascendencia galesa, Lewis creció rodeado de libros. Sus biógrafos coinciden en que tuvo una infancia idílica: desde pequeño tenía pasión por los animales y junto a su ­hermano Warren creó el reino ­fantástico de Boxen, dominado por animales parlantes, cada cual con su propio lenguaje. Era un ferviente lector de cuentos de magia y hechicería, y una profunda fascinación se apoderaba de él cada vez que sus padres le relataban leyendas y mitos.

Cuando cumplió 10 años, perdió a su madre. La relación con su padre era pésima y fue enviado como pupilo a una serie de colegios ingleses. Sus años allí transcurrieron como en el interior de una pesadilla. El ensayista Adam Gopnik escribió al respecto: “Fue golpeado, atormentado y traumatizado incluso más allá de lo esperable para la escolaridad adolescente británica”.

En la Universidad de Oxford se hizo íntimo amigo de J. R. R. Tolkien, quien luego deslumbraría al mundo con El señor de los anillos. Ambos se dedicaban a materias ­tradicionales y “duras” como académicos, y eran famosos por ser antimodernos. Pocos años más tarde, Lewis se convertiría en profesor de Literatura Medieval y Renacentista en Cambridge. Sin embargo, en su biblioteca nunca dejaron de aparecer libros de Kafka y Virgina Woolf.

El sentido religioso

Hubo un giro decisivo en la vida del escritor irlandés: se hizo profundamente religioso. Se convirtió en un eminente teórico del cristianismo. Aquel niño que antes se veía atrapado por la magia de los mitos empezó a participar de ­debates públicos y era conocido por su ortodoxia.

La metáfora cristiana de Las crónicas de Narnia se desarrolló en siete tomos, pero el más popular de todos fue el primero, El león, la bruja y el ropero. Lewis escribió la saga entre 1950 y 1957. Estuvo inspirada en los niños que quedaron huérfanos en la Segunda Guerra Mundial, a algunos de los cuales recibió en su casa. Narnia es una tierra que aguarda su liberación. Cuatro niños descubren un ropero que les sirve de puerta de acceso a esa tierra fantástica y, cumpliendo con una profecía, unen fuerzas con el león Aslan y se convertirán en los encargados de liberar al reino de la tiranía de la Bruja Blanca.

Saga millonaria

El león, la bruja y el ropero fue llevado al cine por el director Andrew Adamson en 2005 y tuvo un éxito arrasador: no solo se convirtió en la película más taquillera de Estados Unidos, sino que, en menos de un año, la saga de Lewis vendió dos millones de ejemplares. En 2008, se estrenó la segunda entrega de Las crónicas de Narnia –también a cargo de Adamson– y recibió reseñas positivas por parte de la crítica y de la audiencia. La mismísima J. K. Rowling, autora de la serie Harry Potter, declaró que los libros de Narnia habían sido de trascendental importancia para inspirarse en las aventuras de su personaje.

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