cultura
La mujer que venció al destino
Helen Keller fue sorda, ciega y muda y llegó a graduarse en Filosofía y Letras, y alcanzar reconocimiento internacional como escritora.
Quien leyó sus libros autobiográficos sintió algo parecido a la vergüenza al compararlos con sus propios padecimientos y dificultades. Nació en Estados Unidos, en un pueblo del sur, en Alabama, en 1880. A los diecinueve meses de vida se le diagnosticó ausencia congénita de retina, pero además se comprobó que su mudez y sordera no obedecían a un desorden psíquico sino a una imposibilidad orgánica.
Todo parecía conspirar contra su desarrollo intelectual, sin embargo, Helen Keller llegó a ser una mujer de inmensa cultura, capaz de dominar no sólo su idioma de nacimiento –el inglés-, sino también el francés, el griego y el alemán. Se licenció en filosofía, y ejerció la docencia para ciegos. Aprendió a jugar al ajedrez, fue una buena nadadora, practicó remo, andaba en bicicleta y jineteaba caballos. Fue gran conocedora de escultura y pintura, era aficionada al teatro, y viajaba mucho. Nada referido a la cultura escapaba a su interés.
Tenía particularmente desarrollado el sentido del tacto. Sus amigos decían: “Helen percibe con sus dedos más que nosotros con los ojos”. La inteligencia de Helen Keller se abrió camino entre las tinieblas y el silencio que la separaban del resto de la humanidad. Decía que una persona ciega y sorda “se sumerge como un buzo en los mares de lo desconocido” y arranca de esas profundidades la certeza de que la mente puede suplir todas las carencias sensoriales. “estudia sin miedo la luz y el color, de los cuales no tiene ninguna experiencia táctil, creyendo que toda la humana y cognoscible verdad se despliega ante ella”.
Cada nuevo conocimiento la llenaba de alegría, era una batalla ganada. Exceptuando los colores no había nada de lo que no pudiera obtener un goce y alcanzar alguna percepción. En lugar de hundirse en la melancolía de lo que no podía alcanzar aseguraba “lo bendecida que ha sido su existencia. A los diez años escribió: “Ahora soy tan feliz como los pájaros, porque puedo hablar, y tal vez llegue a cantar”. Cuando le preguntaron qué entendía por amor, contestó: “¡Qué pregunta! Es lo que cada uno es capaz de sentir respecto a los demás”.
No fue sola que llevó adelante la proeza de vivir. Una maestra, miss Sullivan, impidió que se hundiera en el marasmo, y salir de un período que la propia Helen Keller describió “oscuro e irreal como una pesadilla”. Se terminó adaptando al silencio y a la oscuridad en la que estaba sumergida “y acabé por olvidar que antes hubiera sido de otro modo, hasta el día en que vino a instalarse junto a mí la que debía libertar mi espíritu”. Miss Sullivan, efectivamente, cumplió el papel de libertadora. Ella la ayudó a romper el círculo ominoso de pasar del silencio y la oscuridad del sueño al silencio y la oscuridad de la vigilia. Antes de que llegara su providencial maestra, Helen parecía condenada a sobrevivir en la falda de su madre, tocándole los labios intentando descifrar sus palabras. Pero cuando cumplió siete años y Miss Sullivan llegó a su vida, pudo descubrir que “las cosas tienen un nombre”. Su maestra dejó caer un chorro de la canilla en su mano y, en la otra, deletreó lentamente la palabra “agua”. Fueron construyendo un alfabeto manual para identificar todos los objetos que formaban el universo familiar. Y de la designación de las cosas, pasaron al pensamiento. Explicó Helen que, como “carecía de la facultad de pensar”, no le era posible, en aquel entonces, hacer comparaciones, percibir las diferencias: “Cuando aprendí el significado del yo y del mi, me enteré que yo era algo y comencé a pensar. También mi conciencia comenzó entonces a existir para mí”. Y agrega una conclusión que sería analizada por la ciencia: “De modo que yo no obtuve mi raciocinio a través del tacto. Fue el despertar de mi alma el que por primera vez dio a mis sentidos su verdadero valor, su amplia noción de los objetos, sus nombres correspondientes y cualidades. El recuerdo y la meditación hicieron que mi conciencia despertara al amor, a la alegría y a todas las demás emociones”.
