Pobreza infantil en aumento: alerta por la falta de alimentos

Según Unicef, a fin de año habrá más de 8 millones de niños pobres en la Argentina. La consecuencia directa es la mala alimentación, sobre todo en la primera infancia, situación que puede traer secuelas.

Un informe de Unicef señaló que para fin de año la Argentina tendrá 8,3 millones de chicos pobres. A raíz de la disminución del ingreso de las familias, la mala nutrición de los más pequeños es uno de los grandes problemas de la actualidad.

Al respecto, los profesionales de la salud remarcan que la alimentación de los primeros “mil días”, desde el embarazo hasta los primeros dos años de vida, es clave para el desarrollo futuro de la persona y de su bienestar físico.

Diario Hoy dialogó con la doctora María Beatriz Araujo, integrante del Comité de Nutrición de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), quien explicó en detalle cuáles son las dificultades que trae la desnutrición fetal e infantil.

“Es complejo el tema, no tiene que ver solo con la cuarentena, vie­ne desde hace un tiempo, esto fue em­peorando en los últimos años y seguramente los números declinen por este período. Desde la SAP empezamos a recibir consultas de pediatras de distintos lugares que pedían ayuda ante casos de desnutrición que no habían visto. Les llegaban realidades que en las estadísticas no pesan, pero para nosotros es una voz de alerta”, dijo Araujo.

En los últimos meses, la asistencia de los niños a los comedores y merenderos creció en gran escala. Si bien se intenta ofrecer los nutrientes esenciales, en los barrios más humildes no siempre se cuenta con ese tipo de comida.

“Esto es un problema porque sabemos que el impacto de una mala nutrición en la infancia, y antes también, repercute toda la vida. Si la mamá es muy desnutrida o está en una situación carente, los recién nacidos presentan bajo peso y esto repercute en situaciones que a veces se cree que no tienen nada que ver, como la diabetes o la obesidad cuando son adultos, pero tienen relación con la desnutrición fetal”, detalló la profesional.

Además, enfatizó en lo que los pediatras llaman la “desnutrición oculta” y que tiene que ver con “nutrientes que faltan que son vitales y a veces no se nota a simple vista, como las deficiencias de ácido fólico o de vitamina B12 en las madres, eso tiene luego un gran impacto”.

El panorama se hace más complejo cuando se ven las cifras de indigencia, que Unicef estima serán de un 18,7% para fin de 2020. Así, la clave es prevenir y actuar lo más rápido posible.
“Para solucionar esto hay que actuar ahora. El pediatra es el primero en tener la alerta de estos casos en los barrios, el crecimiento es una herramienta fundamental y el médico tiene que estar atento para evaluar y tratar de revertir esas situaciones”, concluyó.

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