EXCLUSIVO

“A través de la escucha podemos hacer que el 90% de los hombres violentos dejen de serlo”

La estimación fue hecha por Ariel Sánchez, titular del Área de Masculinidades del gobierno bonaerense, en diálogo exclusivo con diario Hoy. A través de la Línea Hablemos, nacida en pandemia, los hombres que ejercen violencia pueden comunicarse para hablar de sus propias prácticas y empezar a desactivarlas.

En diciembre de 2019, cuando Axel Kicillof asumió el gobierno de la provincia de Buenos Aires, se creó el Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual, y con él se adoptó una mirada abarcativa de fenómenos como el de la violencia de género, que hasta entonces se abordaban en forma local. Entre los programas que se implementaron está la Línea Hablemos (221 602 4003), una de las primeras específicamente destinadas a atender a varones que ejercen violencia.

Diario Hoy dialogó con Ariel Sánchez, director de Promoción de Masculinidades para la Igualdad de Género del Ministerio, sobre el origen y el funcionamiento de ese servicio telefónico.

—¿Cómo nació la Línea Hablemos? ¿Tiene antecedentes en otros países?

—Como línea telefónica, no, pero sí hay programas de atención a varones. Hay una línea similar en Córdoba, que se creó más o menos al mismo tiempo. Nosotros no la teníamos prevista cuando nació el Ministerio; la implementamos en el marco de las medidas de aislamiento por la pandemia de Covid-19. Los espacios grupales para el abordaje con varones denunciados en los municipios se iban discontinuando porque no podían juntarse presencialmente, pero seguía habiendo denuncias y seguían llegando oficios judiciales. Entonces armamos la línea para hacer una primera escucha y una evaluación de riesgo. Después fue mutando.

—¿Adónde se deriva a los hombres que llaman?

—Hay distintos tipos de derivaciones. Si bien hablamos de “primera escucha”, no es un solo llamado; es un espacio de entrevista en el que se va construyendo la red en que está esa persona, para una evaluación de riesgo. Si el riesgo es alto, se procede a implementar otras medidas de protección; si no, se construye una estrategia a medida. En algunos casos se da una atención más individual; en otros, se los deriva a espacios de abordaje grupal, que son los dispositivos que ya existían, o incluso a las áreas de salud mental o consumos problemáticos.

—Según los datos difundidos por el Ministerio, en 2021 se dio ingreso a 245 varones a través de la Línea Hablemos. ¿Todos estos llamaron por propia decisión?

—No. El 85% son derivados por la Justicia. Son muy pocos los que llaman espontáneamente. Aumenta la cantidad cuando hay alguna campaña específica u ocurre algún hecho que reflejan los medios y genera conciencia.

—¿Cuál es la actitud de la persona que llama?

—Los que llaman de manera espontánea generalmente lo hacen porque alguien les aconsejó hacerlo, muchas veces sus propias parejas, o porque están reconociendo que alguna de sus prácticas merece revisión o puede trabajarse. No necesariamente se trata de personas que tienen denuncias. Y a veces no han llegado a la violencia física. Los que llegan a través de la Justicia en general no reconocen el ejercicio de la violencia y culpan a la otra persona, o se victimizan y piensan que están en esa situación por la denuncia y no por haber ejercido violencia. A veces incluso relatan exactamente la conducta que figura en el oficio judicial, pero no reconocen que ahí haya ninguna forma de humillación, acoso, violencia o vulneración. Hay formas de violencia que están muy naturalizadas.

—¿Y cómo se aborda esta situación a través de la línea?

—Nosotros vamos desarmando un poco esa mirada. La mayoría de los varones nunca hablaron del tema en ningún lado, ni siquiera al presentarse en la Justicia. Entonces en ese proceso de habla incluso explicamos qué dice el oficio y por qué. Vamos desarmando la resistencia y los obstáculos para el reconocimiento de la propia violencia. Y también les hacemos un seguimiento.

—¿Hay alguna manera de cuantificar el éxito de la Línea Hablemos?

—No de la línea, sino del esquema de abordaje en general. Una forma de cuantificarlo es a través de la no reincidencia. Son números que hay que elaborarlos y no están cuantificados a nivel provincial, pero sí en espacios que vienen trabajando con varones en el país y afuera. Lo que vemos es que generalmente no hay reincidencia. Yo diría que el 90% de estas personas no vuelven a ejercer violencia luego de que se dio el proceso de escucha. Habilitar un lugar para que hablen, ponerles nombre a ciertas cuestiones, va ordenando el propio relato y baja el riesgo.

—Entonces, a través de la escucha, ustedes logran desarticular algo que la mera intervención judicial no desactiva.

—Claro. En algunos casos, se considera que una medida de protección (una perimetral, por ejemplo) fue exitosa porque el varón no la incumplió, pero eso no quiere decir que no vaya a volver a ejercer violencia con su próxima pareja. Por eso enfatizamos en las medidas no punitivas. Muchos de estos hombres vienen de sufrir violencia ellos mismos, además de que fueron educados, como todos nosotros, con mandatos de masculinidad que la naturalizan: la fuerza física como modo de demostrar la hombría o la ausencia de espacios de conversación incluso con los amigos. Si queremos que esa persona no vuelva a ejercer violencia, tiene que haber un momento de escucha y de desarme de todo eso.

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