cultura

Algunas curiosidades de la historia de los instrumentos musicales

No siempre han tenido las características que hoy le conocemos, muchos de ellos han caído en el olvido y otros son considerados símbolos del poder o han salvado vidas.

Antes de las guerras antiguas, hubiera sido imposible que un joven de buena familia se dedicase al estudio de un instrumento de metal. Ese desprestigio de la profesión nacía ya de la escuela, donde las charanganas pueblerinas estuvieron a punto de ­desaparecer. Cualquier innovación era contemplada con desagrado. En ese sentido, La misa de los muertos, que Francois Gossec compuso en 1762, es célebre a raíz de que por primera vez se hizo oir en una orquesta tres trombones.

El origen del arco del violín ha sido y es aun una fuente constante de discusiones. Su cinta está hecha con crines de caballo o cerdas y su vara estrecha —de curva suave— con madera de pernambuco. Cada día se hace más claro que no perteneció a los pueblos germánicos, sino a la India, a quien debemos su existencia. Los antecesores del violín pueden seguirse casi hasta los principios de la civilización, con instrumentos como el ravanastron, de origen hindú, de cerca de 5000 años antes de Cristo, o el rabab (o rebab) de probable doble origen: Persia y África del Norte.

En febrero de 1854, en los escaparates de la Casa de España en Barcelona, se expuso a la curiosidad pública un instrumento de forma rarísima, no conocido aún en Occidente. Un cartelito colocado junto a él hacía saber que se trataba de un saxofón, el más reciente invento de Adolphe Sax. El sonido se producía gracias a la oscilación de una caña, y no por los labios del músico contra la boquilla tal y como sucede en los instrumentos de viento metal. En palabras del propio Sax, el suyo era “mejor que cualquier otro instrumento”. En ese sentido, explicó: “El saxofón es susceptible de modificar su sonido a fin de poder dar las cualidades que convengan o de poder conservar una igualdad perfecta en toda su extensión. La digitación es como la de la flauta y la del clarinete. Por otro parte, se le pueden aplicar todas las digitaciones posibles”.

A mediados del siglo XVIII obtuvo fama y provecho el “Ciego Picco”, hijo de unos pobres labradores italianos. Desde niño halló consuelo en la música y, con un instrumento tan defectuoso e incompleto como el silbato, supo sacar escalas de tres octavas y media, “moduladas como los sonidos de un violín y puras como las de un piano”, según afirman los cronistas de la época. En 1855, dio sesenta representaciones en la Scala de Milán; en Roma obtuvo semejante éxito que la Academia de Santa Cecilia le expidió un diploma de profesor de “tibia pastoral”, nombre con que bautizó su sencillo instrumento. Luego, estuvo cuatro años dando conciertos en Inglaterra. Sin embargo, una vez fallecido Picco, nadie volvería a acordarse de la “tibia pastoral”.

Para tocar el tambor no hay cátedra ni métodos escritos. Existe una obra didáctica del francés Lemoine, pero apenas si es tenida en cuenta. El tambor suele enseñarse por amistad o parentesco: los padres enseñan a tocar a los hijos, los hermanos a sus amigos. Únicamente en los regimientos de Infantería y en algunos centros benéficos que cuentan con banda de música, un veterano del tambor adiestra a los jóvenes para que redoblen con afinación y estilo. En Burundi —un estado de Africa oriental—, el tambor es un símbolo del poder del rey. Y también han sido protagonistas de milagros. Como consecuencia de haberse averiado el puente de Logroño sobre el Ebro, los ingenieros militares tendieron un puente flotante y, al hacer las pruebas del mismo con fuerzas del regimiento de Infantería de Valencia, zozobró súbitamente. Hubo que lamentar ochenta y nueve ahogados, entre ellos, el oficial que dirigió la construcción del puente y el embarque de las tropas que habían de probar su resistencia. Siete músicos, entre ellos el director de la banda, debieron su vida a haberse aferrado al bombo, que les sirvió de boya.

La “jaranita” es un instrumento netamente mexicano. Es una guitarrita del tamaño de una cuarta parte de la guitarra, tiene cinco cuerdas dobles, y en algunas regiones tiene la prima hacia arriba (es decir, donde está la quinta cuerda). Su afinación y pulsación es diversa a la de la guitarra y la música que produce es regocijada sin ser chillona; el rasgueo jacarandoso que recorre sus octavas del registro agudo lo hace adaptarse para interpretar la alegría de los aires regionales.

Noticias Relacionadas