cultura

Cuando Aimé Painé estuvo en La Plata

La gran cantora mapuche que da nombre a una de las calles de Puerto Madero estuvo en los años ochenta cantando en nuestra ciudad invitada por un escritor.

Nunca grabó un disco, pero es una cantora legendaria. Además de dar nombre a una calle de Puerto Madero, hasta hace poco, su imagen se encontraba en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada.

Nació el 23 de agosto de 1943 en Ingeniero Huergo, Río Negro. Tenía una voz tersa que seguía las ondulaciones de los cantos rituales mapuches, pero que también era capaz de alzarse desafiante en las tribunas y foros internacionales. Llegó a ser la voz del pueblo mapuche. Su calidad artística y la difusión lograda con su prédica indigenista hicieron que hasta la propia Mirtha Legrand quisiera tenerla como invitada en sus almuerzos. Fue en plena dictadura, apareció vestida a la usanza de las mujeres antiguas de su comunidad, compartió algunos tesoros de su cultura, y contó lo que había ido a decir: que los habitantes originarios de estas tierras son vistos como extraños. Los teléfonos explotaron. Era muy carismática. Y didáctica: sus recitales eran clases de antropología.

Su madre era tehuelche, abandonó a su esposo mapuche y a toda su descendencia y Aimé, a los 3, fue separada de su comunidad porque su papá no podía hacerse cargo de tantos críos. Fue enviada como pupila a un colegio de monjas en Mar del Plata, donde se integró a un coro de canto gregoriano. A los 7 años fue adoptada por un abogado, quien la crió en el lujo y la estimuló a cultivar formalmente el canto. Pero ella, rastreó sus orígenes y quiso saber todo sobre su historia. Terminados sus estudios en Mar del Plata, se mudó a Buenos Aires donde se recibió de experta en belleza y peinados, Cantaba el Coro Polifónico Nacional. Cuando regresó al sur, y volvió a sentir la cercanía de los mapuches, sintió que había regresado a su verdadera casa.

Siempre apelaba a la sabiduría ancestral de los abuelos. Para los mapuches, los ancianos no sólo no deben ser marginados, sino que debe apelarse a ellos para orientarse en la vida, ya que mantienen viva la tradición oral de antiguos saberes. El valor que se tiene a las mujeres en esas comunidades es previo a todo feminismo. Los hijos suelen llevar el apellido de sus madres y no el de sus padres.

Murió a los 44 años, cuatro años antes del nacimiento de la bandera mapuche y la Ley de Desarrollo Indígena 19.253. Tampoco supo de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Asamblea General de las Naciones Unidas, promovida en 2007. Pero tuvo tiempo de dejar oír su voz en muchas partes de mundo. Participó en sesiones de la Subcomisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, y dio entrevistas a muchos medios de alcance mundial, como la BBC de Londres. No solo recorrió el planeta predicando la igualdad esencial de todas las razas, sino que tejió una malla de contactos con otras comunidades aborígenes: tobas wichis, tehuelches y guaraníes.

En 1987, Aimé Painé estuvo en la ciudad de La Plata. Participó de la presentación del libro “Cantoras”, del escritor platense Leopoldo Brizuela. Fue en un ciclo de charlas que se llevó adelante ese año en una disquería-librería que había por entonces en calle 6 e/47 y 48. Ante un auditorio colmado, Aimé Painé no solo hizo los elogios de rigor del libro que estaba presentando, sino que junto a la otra presentadora –Leda Valladeres- y el autor del libro, dieron un recital de canto colectivo de profunda raíz mapuche. A los pocos meses de esa visita, Aimé Painé murió en Asunción –Paraguay-, a causa de una hemorragia cerebral. Poco antes había declarado: “Yo no puedo trabajar con el detalle y la calma que me gustaría, porque las abuelas se mueren, simplemente. Y no hay muchos todavía que hagan lo que yo hago; y si yo me muero, ¿quién seguirá mi camino?”

En una biografía que se le dedicó a Aimé Painé, León Gieco escribió: “Ojalá las palabras pudieran expresar lo que Aimé emanaba. Belleza, seriedad, dulzura y convicción en la búsqueda de sus raíces”. Fue una de las voces que representó con valentía y talento, a una raza discriminada socialmente y subestimada culturalmente. Una mujer que expresó con voz hermosa todo el orgullo de su sangre mapuche.

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