cultura

El Indio Solari, lector etiqueta negra

Poeta y lector omnívoro, sus letras y sus libros preferidos trazan su retrato más profundo.

En 1985, en la revista Canta Rock (dirigida por el poeta Pipo Lernoud), Solari hizo lo que nunca volvería a hacer: explicar el sentido de algunas de sus letras.

Sobre La bestia pop, dijo que era un chiste sobre “los peligros que tenía transformarse en una estrella, y sobre los riesgos de la droga”.

Sobre Esa estrella era mi lujo, señaló: “Tiene que ver con la descripción más cruda de lo que nos pasa, de una mirada rocker a un mundo que no viene muy bien, pero que igual apuesta a su ilusión. Un rocker es un tipo que no se cansa de creer en sus ideales. No es la cosa decepcionada del darkie, sino todo lo contrario; porque siempre vale la pena esa fracción de belleza que uno puede atesorar en un momento. Creo que estas son las únicas confirmaciones sobre el valor de esta vida, porque el resto es vorágine y dolor”.

A partir de ahí, dejó que sus letras hablaran por sí solas, permitiendo que su sentido naciera exclusivamente de la interacción entre la canción y su oyente. Reivindica la ambigüedad, lo que libera de la presión de lo unívoco, lo que autoriza más de una interpretación. Pero le molesta que se lo acuse de hermético.

En una carta abierta que llevaba un epígrafe de Bertolt Brecht –“Quien quiere ver solo lo que puede entender, no tendría que ir al teatro, tendría que ir al baño”–, indicó: “Escribo canciones en la creencia de que el efecto poético se produce por la capacidad de un texto de continuar generando lecturas diferentes sin ser consumido nunca por completo. La poesía no debe invitar solo a escuchar, debe invitar fundamentalmente a imaginar. La poesía es subjetiva, se vuelve objetiva cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por ella. La principal regla poética es conmover, todas las demás no se han inventado si no para conseguir eso. La poesía no puede ser definida con precisión, porque no nos es dado conocer su esencia, sino sentirla. La poesía crea realidades intelectuales que se presentan emocionalmente. No como un pensamiento reflexivo ni filosófico, sino como un pensamiento rítmico. Una buena canción (su lírica) debe parecer que no pudo ser escrita de otra manera. Debe tener poder de seducción y comportarse como un enigma del cual uno presenta, para su resolución, solo indicios”.

El protagonista de un fenómeno de masividad único en la historia del rock argentino es un gran lector. Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal y Tomás Eloy Martínez están entre sus escritores argentinos favoritos. Admira a Jack Kerouac –“el primer beatnik”–, Truman Capote –“y su mix de estilo novelístico y crónica real”–, Norman Mailer –“el bravucón”–, Marcel Schwob –“un simbolista delicadamente exquisito”– y Robert Louis Stevenson. También incursiona en lecturas de orden filosófico, estando entre sus autores más recurridos Michel Foucault, Martín Heidegger y Rosa Luxemburgo.

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Luego de leer El que tiene sed, novela de Abelardo Castillo, quiso conocer personalmente a su autor. Le dejó varios mensajes en su contestador automático, pero era conocida la poca inclinación a la vida social que ese gran escritor tuvo en sus últimos años.

Particular fascinación siente por el poeta y dramaturgo Antonin Artaud , de quien dijo que fue “sacrificado con las peores crueldades”, y agregó: “Es llevado por un circuito de asilos (en una zona ocupada por el ejército alemán) de donde es rescatado por sus amigos recién en 1943. Sus últimas palabras antes de pasar al otro lado fueron: Yo no estoy muerto, sino separado. Condena que se autoimpone por su absoluto rechazo a la burguesía dominante”.

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