La pandemia y ahora, la plaga

A 73 años de la última plaga registrada, Corrientes fue atacada por un gran enjambre de estos insectos. Los aeroaplicadores trabajan intensamente con el Senasa para poder controlar la manga, que hace estragos en los cultivos.

Millones de langostas azotan el litoral argentino

Equipos de la Federación Argentina de Cámaras Agroaéreas (Fearca), en coordinación con el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), trabajan con el objetivo de controlar la manga de langostas que, tras recorrer las provincias de Chaco y Santa Fe, se ubicó en Corrientes.

Según cálculos de los especialistas, el conjunto de insectos posee una magnitud de entre 10 y 15 kilómetros de extensión. En un radio de un kilómetro cuadrado hay, aproximadamente, 40 millones de ejemplares de langostas, que pueden devorar el alimento diario equivalente al que consumen 2.000 vacas.

Si bien la plaga no afecta a los humanos ni a los animales, produce un severo daño económico en zonas rurales. Al ser una especie altamente polífaga, come cualquier material vegetal, como pasturas, trigo o girasol. Además, a su gran voracidad hay que sumarle la capacidad migratoria, que le permite recorrer hasta 150 kilómetros en un día, según temperatura y vientos.

"A veces, son mangas más chicas que no requieren control, porque no hacen daño. El problema sucede cuando son muy grandes. Si no se achica, se puede tornar incontrolable. Incluso se puede llenar de langostas el país”, explicó a diario Hoy el presidente de la Cámara de Empresas Agroaéreas de Chaco y miembro de la Fearca, Guido Kindwerley.

Cuando los insectos se ubican en lugares inaccesibles, es necesario controlarlos con aeroaplicadores. En este sentido, Kindwerley detalló: “Generalmente, la manga se asienta de noche en un lugar, en un radio de entre cinco y veinte hectáreas. Una vez que se detecta, el avión se carga de combustible y, antes de que salga el sol, se dirige a efectuar el tratamiento con moléculas con actividad insecticida que no dañan los cultivos, conocidos como piretroides de banda verde”.

Ayer, el ingeniero agrónomo y coordinador del Programa Nacional de Langostas y Tucuras del Senasa, Héctor Medina, confirmó que la manga continuaba en la misma zona, en un paraje ubicado entre Sauce y Esquina, en la provincia de Corrientes.

“Gracias al aviso recibido, se pudo reducir el área de monitoreo y dar con la ubicación de parte de la manga de langostas”, indicó el funcionario.

Debido a la poca accesibilidad de los caminos, el rastrillaje se hizo a caballo, con el apoyo de baquianos. El equipo lo encabezó el ingeniero agrónomo Guillermo Fernández, miembro del programa de langostas del Senasa, quien adelantó: “Continuamos con el trabajo a campo y estamos evaluando las condiciones climáticas que podrían determinar el movimiento de las langostas”.

Este año, la novedad fue que la invasión avanzó al este del país, tras desplazarse más de mil kilómetros en un mes y cruzar el Paraná. La situación encendió la alarma en los países vecinos, aunque reconocen que es muy difícil conocer hacia dónde se va a desplazar.

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“Esta plaga, la de mayor impacto en el sector agropecuario, en el pasado llegó hasta la Patagonia y de allí pasó a Chile. Es difícil saber hacia dónde va y si va a ingresar a Brasil, Uruguay o Entre Ríos”, afirmó Medina, en el marco de una charla que forma parte del ciclo de seminarios virtuales organizado por el Senasa, con el acompañamiento del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

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