Murió Abel Román, el último vestigio de la Dictadura en la ciudad

Funcionario del gobierno de facto que azotó al país tras derrocar a María Estela Martínez de Perón, fue puesto a dedo en el puesto de intendente, lugar que el pueblo le negó en las elecciones de 1983. Enquistado en los sectores más recalcitrantes del poder, dejó una marca en la historia de La Plata que no debería ser olvidada ni ignorada.

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Y así como en la jornada de ayer dejó de existir una figura destacada de la democracia bonaerense, también falleció quien fue el último comisionado por la Junta Militar para dirigir el destino del pueblo platense.

Abel Román, encargado de ocupar durante 918 días un cargo para el que no fue electo por el pueblo de la ciudad, murió a los 79 años de edad. Esta aclaración no es caprichosa, porque desde las cuentas de Twitter de varios dirigentes políticos destacaron al fallecido ciudadano como uno de los intendentes de nuestra ciudad, pero la realidad es que a pesar de haber ocupado el despacho desde donde hoy dirige la ciudad Julio Garro, el hombre no tenía el aval del pueblo demostrado en las urnas.

Por este motivo llamó la atención que quienes dieron sus condolencias lo hicieron refiriéndose a Abel Román como exintendente, cuando el fallecido abogado fue durante dos años y medio, hasta la vuelta de la democracia, un engranaje más de la maquinaria de la Junta Militar que azotó nuestro país. La acción del titular del Ejecutivo platense de distinguirlo como un par desconoce la actuación de una persona que violentó la democracia ocupando por la fuerza un cargo ejecutivo en momentos en que Ramón Camps (jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires), en connivencia con monseñor Antonio Plaza (arzobispo de La Plata), eran responsables de las muertes y desapariciones de muchos habitantes de nuestra ciudad.

Previo a su asunción como titular de facto del Ejecutivo platense, se de-sempeñó como asesor en la Secretaría General de la Presidencia. Durante los primeros años del gobierno militar, los cargos políticos se dividían en las fuerzas marinas, aeronáuticas y el Ejército. No obstante, con el paso del tiempo, hubo una apertura a los sectores civiles colaboracionistas.

Habría llegado a La Plata de la mano del interventor federal de facto Jorge Aguado, que supo ser la mano derecha de Franco Macri en los principios de los 80. Antes de terminar su gestión en 1983, sacó dos ordenanzas otorgándole a Raúl Kraiselburd el espacio aéreo y subterráneo, preparando así el negocio para la llegada del cable a la ciudad y sellando un pacto comercial que en 2017 quedaría evidenciado en el Boletín Oficial de la provincia de Buenos Aires.

Román se desempeñó durante muchos años como abogado de la familia Kraiselburd, dueña del diario El Día y como anticipamos, desde hace algo más de tres años forma parte de su Directorio.
El 5 de septiembre de 2017, en el Boletín Oficial de la provincia de Buenos Aires, una publicación marcaba que El Día Saicyf resolvió en agosto los nuevos cargos del directorio, con Griselda Conti de Piaggio como presidenta, Abel Román como vicepresidente, Eduardo Tucci como director general y Diego Herrera como director suplente.

Román era parte de un estudio de abogados que tenía como cliente a Coviares, empresa que poseía la “explotación” de la Autopista Buenos Aires-La Plata, cuya concesión se la quitaron por los “grandes negociados que hicieron”.

El último escándalo en el que se vio involucrado este triste y nefasto protagonista de la historia de nuestra ciudad se dio a casi 58 kilómetros de la capital provincial, en el predio de Guernica, donde en octubre del año pasado pudo haberse dado una de las más tristes páginas de la historia bonaerense; un resabio que quedó de la salida de María Eugenia Vidal de la Gobernación y de su superior político en la Nación, Mauricio Macri (uno de los empresarios vinculados con Román), pero que por suerte terminó sin muertes que lamentar.

En este caso en particular, Abel Román era socio en el grupo inversor El Bellaco S.A., que pidió desalojar a las más de 2.000 familias en el predio de Guernica para construir un Country Club.

Este grupo tuvo vínculos con la última Dictadura militar y habría adquirido el predio en circunstancias poco claras. Su presidente, César Emilio Pérez Pesado, alias “Copete”, fue funcionario de Videla; tras su muerte, su hijo Gervasio Pérez Pesado se convirtió en director y representante de la empresa poseedora de una parcela de 360 hectáreas, de las cuales habían sido ocupadas 60. “Copete” Pérez Pesado fue socio de Abel Blas Román y juntos fundaron el Estudio Pérez Pesado–Román y Asociados en 1964.

Por todo esto, por ser un representante de lo peor de la historia de nuestra ciudad, por ir contra los intereses de los trabajadores, de los desamparados, de los que no tienen voz, es que no resulta justo decir que en la jornada de ayer murió un intendente de la ciudad; una persona poco memorable, más bien alguien al que no se puede reconocer por su conducta y del que deberíamos esperar no tener que volver a hablar “Nunca Más”.

Cuando el olvido es mejor

Estela de Carlotto fue la madre de una de las víctimas del accionar de la última Dictadura militar. Una de sus hijas, Laura Estela Carlotto, fue secuestrada y desaparecida en Buenos Aires cuando estaba embarazada, a fines de 1977.

En agosto de 2014 pudo recuperar a su nieto “Guido”, a quien buscó durante más de 40 años.

Consultada por este multimedio sobre la posición tomada por el entonces titular de facto del Ejecutivo indicó no recordarlo “para nada”. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo apuntó que en la época que gobernó Román en la capital bonaerense “nosotros ya estábamos constituidos en un grupo organizado, donde más que estar en el país viajábamos por todo el mundo. En el país el riesgo no nos importaba, porque sabíamos que nos podía pasar, pero el amor era más grande que la necesidad de cuidarnos”.

Carlotto indicó además: “Viajábamos muchísimo, eso sí, porque en la Argentina no teníamos ninguna cabida en cuanto a la Dictadura cívico-militar. O sea que este hombre sirvió de intendente de la Dictadura cívico-militar”, dejando en claro que no recibieron ayuda de la persona a la que hoy marcan como ejemplo de civismo a pesar de haber sido un funcionario de un gobierno de facto.

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