ENTREVISTA EXCLUSIVA

“La flor es la música, como un perfume que une a todos esos pueblos”

En diálogo con diario Hoy, Pedro Aznar habló del presente, ahondó sobre el streaming que presentará el 5 de noviembre donde sonará folclore latinoamericano y adelantó sus proyectos.

Desde pequeño amó la música. Con 15 años experimentó en el rock progresivo con sus primeras bandas, Madre atómica y Alas. A los 19 años se convirtió en el bajista de una de las bandas más importantes de la historia del rock nacional, Serú Girán. Cuando esto llegó a su fin, viajó a Estados Unidos para seguir perfeccionándose, y luego lanzó su carrera solista.

Un talento innato que sumado a un sed de aprendizaje y un enorme compromiso con la música lo convirtieron en uno de los cantantes, multinstrumentistas y compositores más importantes de la época.

Hoy con 61 años y cuatro décadas de música, continúa dando cuenta de esa pulsión de hacer arte y la pandemia no lo frenó. Por el contrario, fue uno de los primeros en sumarse al streaming y el próximo 5 de noviembre a las 21 brindará un nuevo show online, Flor y Raíz, en el que sonarán clásicos del folklore latinoamericano.

En este marco, el músico conversó con diario Hoy y contó sobre su presente, sus proyectos y la cita musical con la que promete deleitar a todos sus seguidores.

—¿Cómo pasaste la cuarentena y cómo te encuentra el presente en este contexto tan atípico?
—En líneas generales bien. Con momentos de angustia e incertidumbre, pero traté de no perder de vista la importancia de tomarlo como una especie de retiro espiritual y creativo. Me dediqué a componer, escribir, meditar, entrenar, hacer yoga, estudiar idiomas y no perder el contacto con la familia y los amigos, por medio de charlas y comidas virtuales.

—Sos una persona espiritual e introspectiva, de meditar y buscar el equilibrio, ¿qué reflexión te lleva a hacer la situación actual?
—Que podríamos y deberíamos salir mejores al otro lado de este túnel. Es una buena oportunidad para repensar nuestra relación con la Tierra, con las otras especies y entre nosotros mismos.

—En este contexto, los medios de comunicación, las plataformas de streaming, tanto de series como de películas, y las redes sociales cobraron mayor relevancia, ¿cómo te llevás con todo eso y qué opinión te amerita?
—Me llevo muy bien con la tecnología y creo que ha sido tremendamente útil en estos tiempos de aislamiento. Nos ha ayudado muchísimo a sentirnos menos solos. Nada iguala a la presencia física, pero si no hubiéramos tenido estas plataformas, nos habríamos vuelto mucho más locos…

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—Tuviste la experiencia de hacer shows por streaming, de hecho fuiste uno de los primeros músicos que apostó por esta modalidad, ¿cómo vivís este tipo de presentaciones? ¿Qué podés sacar en limpio?
—Sin dudas, es algo que se va a seguir usando y desarrollando después del retorno a los conciertos presenciales, es un nuevo medio y tiene posibilidades muy interesantes. Lo que me sorprendió mucho fue la fuerza de la presencia de la gente en las transmisiones. Mi motivación inicial fue acompañarlos, y resultó que yo me sentí tan acompañado o más por ellos, recibí decenas de miles de mensajes hermosos y agradecidos, y las interacciones durante las transmisiones fueron desde emocionantes hasta muy divertidas.

—El 5 de noviembre te vas a estar presentando con Flor y Raíz, ¿cómo surgió esta fecha de folclore latinoamericano y qué nos podés adelantar?
—Para Flor y Raíz vamos a transmitir desde un gran escenario y tocaré en formato de trío, junto a mi pianista Federico Arreseygor y mi percusionista Alejandro Oliva, más invitados de lujo, todos en presencia. Hacía tiempo que la gente me venía pidiendo un show con repertorio folclórico y me pareció una buena idea hacer una especie de nueva visita a la idea de mi disco Cuerpo y Alma, de 1998, de recorrer la canción de raíz de varios países del continente. En este caso habrá música de Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Brasil y México.

—¿Por qué ese título?
—Flor y Raíz remite a lo que ahonda y abraza la tierra y a lo que brota de esa pertenencia. En este caso, la flor es la música, como un perfume que une a todos esos pueblos.

—¿Qué nos podés adelantar del repertorio y los invitados de esa cita?
—Vamos a hacer veintidós canciones, y va a haber zambas, chacarera, chamamé, milonga, cueca, landó, festejo, son, samba y baguala. Habrá música mía y de otros autores. El repertorio y los invitados me los guardo como sorpresa (risas). Lo que sí puedo adelantar es que hay muchas de las canciones que la gente pidió en las redes en estas semanas.

—Dijiste que estuviste componiendo, ¿podés adelantar algo sobre los próximos proyectos?
—Compuse más de treinta canciones desde que comenzó este tiempo de pausa, por llamarlo así. Estoy trabajando en varios proyectos, propios y con colegas. Muy pronto verán la luz.

Cuatro décadas de música: influencias y reconocimientos

 

Pedro cuenta con una vasta trayectoria que incluye un amplísimo repertorio de los más diversos géneros y kilómetros recorridos en escenarios.

—Tenés muchísimas influencias, pero hay dos que te marcaron fuerte: los Beatles por el rock y Leda Valladares por el folclore, ¿de qué manera estos dos grandes referentes se manifiestan en tus composiciones?
—Leda fue más que una influencia, fue una maestra que me mostró un camino que me cambió la vida. Su comprensión y amor por el canto andino fue una revelación para mí, y me llevó a un nuevo entendimiento de la música y el canto. Y los Beatles siguen siendo, a mi entender, el grupo de rock más fructífero, interesante, amplio e influyente que hubo hasta hoy. Son como Bach: su influencia es tan vasta que, aunque no lo sepas, sos heredero de muchas cosas que ellos iniciaron.

—En los Premios Gardel 2020 fuiste premiado por tu disco Abrazo de Hermanos, ¿cómo vivís estos reconocimientos?
—Me dio mucha alegría. Ese disco lo hicimos con muchísimo amor junto al querido Manuel García, de Chile, y fue una apuesta por hermanar no sólamente nuestra tarea como cantantes y compositores, sino también la cultura de nuestros dos países. Fue un honor que se premiara ese abrazo.

—Tenés cuatro décadas en la música, ¿mirás atrás y qué balance hacés de tu recorrido/trayectoria?
—Muy satisfactorio. Me gusta el camino que hice, cómo se fue sintonizando cada vez más finamente con mi esencia y la conexión que se forjó con la gente que me escucha, que siento que me entiende y me da “permiso” para jugar libremente a la música. Ellos están ahí, con el corazón abierto, bien dispuestos a recibir lo que ofrezco. Es una bendición.

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