entrevista exclusiva

Vanesa González: “El teatro documental funciona como voz en muchas luchas sociales”

Originalmente, Jauría iba a tener su estreno comercial en 2020, pero por la pandemia se postergó hasta este año. Una obra necesaria que merecía su lanzamiento presencial para interpelar y concientizar.

En un año atípico, Vanesa González encabeza Jauría, de Jordi Casanovas, dirigida por Nelson Valente. Una obra de teatro documental que recupera el juicio a los cinco violadores de una joven en un caso que trascendió como “La manada”, un hecho acontecido en 2016 en las Fiestas de San Fermín.

Para saber más detalles de la propuesta, que se ve los jueves, viernes y sábados a las 20 en el Teatro Picadero de la Ciudad de Buenos Aires, diario Hoy dialogó con la actriz.

—¿Cómo se hace, como intérprete, para entrar y salir de esta obra tan intensa, comprometida, incómoda, dura?

—Ayuda mucho lo que propone Nelson Valente, que si bien es una obra muy intensa, por muchos factores, él propone un trabajo muy dinámico a los actores, dándole voz a cada uno de los relatos en el rol que nos toca acción muy clara para contar y explicar los hechos sin la intención de hacer una escena o contar cómo sucedieron, sólo decirlos, con algo inevitable que en determinado momento esto nos empieza a atravesar, como un efecto de trenza cocida que es imposible escapar de lo que se cuenta.

–Hay casi una coreografía, un ejercicio de circulación en el escenario que tienen que estar atentos todo el tiempo…
–Sí, es muy técnica la obra, es dinámica, pero técnica, tiene algo donde funciona como un equipo de un de­porte determinado, donde si uno mue­ve un milímetro algo el tren va hacia otro lado, en los ensayos generales nos pasaba que las neuronas medio explotaban cuando lo estábamos haciendo, porque además acá no hay escenas con lógica emocional con el otro, es un texto en paralelo, en el mismo tiempo, pero no estando juntos, es una suerte de edición lo que se ve, un documental teatral y tratando que la oreja escuchando al otro no falle.

—¿Es tu primera vez con una obra “testimonial”?
—Sí , y es muy a todo lo demás, he trabajado haciendo la vida de alguien, como en El diario de Ana Frank, o la serie de Carlos Tévez, acá es teatro documental, no lo había hecho nunca, creo que ahora nos estamos acostumbrándonos a verlo, que funciona mucho como voz en muchas luchas sociales, devolviéndole al teatro la función de medio de comunicación, que a veces nos olvidamos que cumple esa función y que a veces puede ser más directa que al leer una noticia, porque no todos nos sensibilizamos de la misma manera, o toma conciencia de la misma manera, a veces una noticia no llega tanto como una obra enfrente de uno con esa función de espejo.

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—¿Cuáles son tus sensaciones de finalmente ­estrenar?
—En 2020 íbamos a estrenar. Se de­tuvo todo por la Covid-19, hubo incertidumbre total, hicimos algunas lecturas por Zoom, pero luego soltamos, porque si bien se hablaba de hacerla por streaming, esta obra es para ha­cerla presencial, y cuando finalmente pusieron fecha, fue como un alivio en la panza, porque es una obra que realmente queremos mucho, nos queremos como grupo, la cuarentena fortaleció todo, por las ganas aguantadas durante tantos meses de hacerla y trabajar, así que estrenar fue un conjunto de nervios fatales.

De hecho, una se­mana antes de este estreno pensé que tenía coronavirus, me hisopé, finalmente no era, eran nervios, supongo que por todo lo que se tuvo que esperar. A mí me pasó por ese lado.

—Antes del teatro pudiste terminar Existir, de Gabriel Grieco…
—Sí, nos quedaban escenas en Salta, en Cachi, no se sabía qué iba a pasar, pero cuando se habilitaron los viajes pudimos ir. Fue como un respiro, trabajar al aire libre. Acá vas al supermercado y caminas dos cuadras y estas paranoico, allá cumplíamos con todos los protocolos sanitarios, pero estar en la naturaleza es otra, trabajamos sin la paranoia de la ciudad.

—¿Planes para 2021?
—Se tiene que estrenar Existir, y en abril tengo una obra que dirige Pato Abadi, en Nun Teatro, tal vez vayamos los martes, y además estoy ensayando otro espectáculo con Cristian García y Laura Névole, que estrenaremos en el teatro independiente.

—Todo independiente, y en teatro, ¿extrañás la televisión? ¿Hubo rumores de una segunda temporada de Apache?
—Hasta donde sé, no creo que haya segunda temporada, al menos no está planificada, en febrero se emitirá en Telefe, pero después hay muy poca televisión, creo que se están grabando dos, y creo que es un espacio, que en cuanto a protocolos, se tiene que rearmar, en teatro es más fácil, pero en televisión con tanta gente involucrada y la necesidad de espacios cerrados, con la Covid-19 presente, es más complicado.

—La ficción ya venía golpeada, y sólo alguna tira anual se proponía, también eso tal vez te permita a vos hacer más teatro, al no estar comprometida…
—Sí, suele pasar eso, que termina siendo bastante intenso hacer las dos cosas a la vez, estas ocho o nueve horas grabando, luego función, y si bien es algo que hacemos, y tenemos que trabajar, pero muchas veces es muy costoso hacerlo, expones la salud, no es algo que solo fluye y termina siendo sólo placer.

—¿Cuándo supiste que querías ser actriz?
—Es algo que me pasó muy de chica, como una necesidad de poner el cuerpo, más vinculado a que veía películas y me daba muchas ganas de hacer al lado lo que estaba viendo, a mi modo, de eso tengo un recuerdo muy concreto. Después siempre me pasaba de ver algo con mi familia, me gustaba verlo, quería hacerlo, quería estar ahí en el escenario, algo de poner el cuerpo. No tenía tanto rollo con la televisión, si bien es un espacio que me gusta hacer y disfruto mucho, no es lo que me prendió de chica, ni tampoco por una cosa de vestirme, disfrazarme, que no estaría mal, siempre fue algo de poner el cuerpo.

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