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Del tablero a la pantalla: el ajedrez y el cine

El séptimo arte siempre intentó mostrar los engranajes ocultos y el feroz magnetismo que provoca este “juego ciencia”. Ahora, con la serie Gambito de dama, volvió a cobrar una merecida notoriedad.

Cuando era niña, Beth Harmon solía quedarse despierta por las noches estudiando posibles jugadas en tableros de ajedrez imaginarios. No podía volver a dormirse, imaginando jugadas.

Así comienza la historia de Gambito de dama, la serie de Netflix que dio un inusitado nuevo auge a uno de los juegos más complejos y hermosos creados por el ser humano. Más de 100 millones de personas en todo el mundo han visto la serie. Las compras de sets de ajedrez aumentaron un 280%, y la venta de libros de estrategia ajedrecística se elevó un 600% solo en Estados ­Unidos.

La vida de Bobby Fischer –en la que está inspirada la serie– fue un duro tributo a pagar por ser el mejor jugador de ajedrez de todos los tiempos. Una de sus partidas más recordadas fue contra el soviético Boris Spassky por el título mundial, disputado en Reikiavik, en 1972. El encuentro fue portada en todos los medios del mundo y seguido por millones de personas. Aquel duelo trascendió el tablero y se convirtió en una batalla política entre los dos bloques hegemónicos de la época. La jugada maestra, dirigida por Edward Zwick, se centra en ese histórico match. Pero en la película se muestra la angustia que acompañó a ese genio del ajedrez desde su infancia.

Este juego y la locura van de la mano en La diagonal del alfil, dirigida por Richard Dembo, a quien le preguntaron si se propuso captar al jugador de ajedrez como una obsesión psicológica y respondió: “Describí una situación paroxística por excelencia, donde cada uno juega su vida, es decir, el título de campeón mundial”.

Schachnovelle, basada en la novela homónima de Stefan Zweig, está ambientada en la Austria de 1938, ocupada por los nazis, en la que un intelectual es encarcelado en un cuarto de hotel y que, en un momento, logra sustraer un libro de ajedrez que estudiará obsesivamente para mantener su mente lúcida y analizar sus movimientos con mayor precisión.

Abelardo Castillo sintetizó magistralmente lo que yace oculto en este juego: “El ajedrez es el juego más hermoso que existe. No llega a ser arte porque el código del ajedrez no es compartido por todos. Si colgás en la pared una partida de Fischer, no pasa nada. Incluso aunque la veas en un tablero, si no se conocen los códigos del ajedrez, eso no significa nada para el espectador”.

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