ENTREVISTA EXCLUSIVA

El más grande de Latinoamérica: el museo perdido en el corazón del Bosque

La cabeza de la elefanta Roma convive junto a esqueletos de perros y caballos de 1930 en el poco conocido Museo de Anatomía Veterinaria.

Las vitrinas del Museo de Anatomía Veterinaria Dr. Víctor Manuel Arroyo tienen esqueletos completos, huesos, órganos disecados y diversos preparados de animales que, en suma, superan las 3.000 piezas. Esto lo convierte en uno de los más grandes del continente. El edificio centenario está en el corazón del Bosque, en el predio de la Facultad de Ciencias Veterinarias (FCV) de la UNLP. Entre sus piezas más emblemáticas hay una cabeza de caballo disecada que tiene ralos manchones de pelaje y está surcada por músculos, arterias y venas: el preparado data de 1914.

“En esa época el caballo era una herramienta imprescindible y parte vital de la vida platense, por lo que recibió mucha atención de los veterinarios a principios de siglo”, contó a diario Hoy el doctor Gustavo Zuccolilli, profesor titular de las cátedras Anatomía Descriptiva y Anatomía Comparada de la FCV y responsable del trabajo en el museo.

—¿Qué podemos encontrar en el Museo de Anatomía Veterinaria?
—Hay una riqueza histórica enorme. Quizás, la pieza más icónica sea la cabeza de la elefanta Roma, que murió en 1936 y estuvo en el Zoológico antes que Pelusa. También hay cráneos de perros que datan de 1930. En los últimos años, por suerte nos ha llegado mucha fauna autóctona, concretamente mamíferos y cientos de aves. También hay material de delfín de río, conocido como la franciscana o Pontoporia. Hay ejemplares de puma, oso hormiguero gigante (también llamado oso bandera), vicuñas y roedores, que podríamos denominar clásicos, pero a la vez poco conocidos como el agutí.

—¿Cómo trabajan durante el año?
—Trabajamos en las exposiciones itinerantes que tiene la Red de Museos de la Universidad. Además, anualmente participamos de La noche de los museos y Museos a la luz de la luna en el circuito del bosque con el Museo de Historia de la Medicina, el Observatorio y el Museo de Ciencias Naturales. La última vez, en esas dos jornadas nos visitaron más de dos mil personas. Vienen muchos colegios, desde primaria hasta chicas y chicos que están en el último año de la secundaria y quieren estudiar veterinaria. Además, el museo es muy usado por investigadores.

—Por su cantidad de piezas y variedad de especies, el Museo está considerado uno más ricos que hay en Latinoamérica...
—Sí, eso está vigente. Incluso se está incrementando, tal vez no en número de piezas pero sí en número de especies: en un momento teníamos cerca de 300 entre aves y mamíferos, ahora es un poco más.

—¿Está permitido interactuar con algunas piezas?
—Sí, esto es un valor del museo. Hay mucho material, como esqueletos, que durante las jornadas que abrimos a la comunidad sacamos al parque y los chicos tocan y se sacan fotos. Siempre hay un estudiante o docente que explica qué tipo de material es, cómo se obtuvo, de qué animal es y para qué. Obviamente, esto no funcionó así en este año particular, pero venimos haciéndolo desde hace muchos años.

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—¿Cuáles son los proyectos de cara al futuro?
—Trabajamos para mejorar el aspecto didáctico en el museo apuntando a un público general, no especializado, para que se genere un interés por la naturaleza y un compromiso en la comunidad en la conservación de las especies autóctonas.

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