CULTURA

Gabriel García Márquez y la historia oculta de una de sus novelas

Crónica de una muerte anunciada, una de las obras más célebres del escritor colombiano, está basada en hechos reales de los que tuvo conocimiento directo.

En 1984 Gabriel García Márquez publicó un artículo en el que se preguntaba cómo se escribe una novela. Su testimonio dejaba entrever un trasfondo de angustia: no hay escritor, al menos de cuantos se tenga registro, que no se haya encontrado alguna vez con la temible sospecha de que ha perdido el don de la palabra. Si bien toda ficción es una reelaboración de algo real, en Crónica de una muerte anunciada, el escritor colombiano desnuda el gesto más evidente de apropiación de la realidad.

El 22 de enero de 1951, un estudiante de Medicina, a punto de cumplir 24 años, fue asesinado en Sucre, un pueblo de la costa del río Magdalena en Colombia. Los ejecutores del crimen fueron José Joaquín y Víctor Chico Salas, quienes creían vengar así el honor mancillado de Margarita, la hermana que se había casado días antes. La víctima, Cayetano Gentile Chimento, era muy cercana a la familia de García Márquez. El episodio caló tan hondamente en la sensibilidad del escritor que, años después sentiría la necesidad de elaborarlo literariamente en forma de novela, sin sospechar los lectores de que se trataba de un hecho terriblemente cierto.

“El punto de partida es un episodio real, un asesinato que ocurrió en un pueblo de Colombia”, explicó su autor. “Yo estuve muy cerca de los protagonistas del drama en un momento en que había escrito algunos cuentos, pero no había publicado aún mi primera novela. Inmediatamente me di cuenta de que tenía entre mis manos un material sumamente importante, pero mi madre lo supo y me pidió que nunca escribiera ese libro mientras estuvieran vivos algunos de sus protagonistas. Y me dijo los nombres. Yo lo fui dejando. Entonces pensé que el drama estaba terminado, pero siguió evolucionando y siguieron sucediendo cosas. Si lo hubiera escrito entonces, hubiera quedado fuera una gran cantidad de material que es esencial para comprender mejor la historia”, explicó.

García Márquez no decidió narrar el crimen sino cuando la historia misma se clausuró en la realidad y, fundamentalmente, cuando pudo resolver algunos problemas formales. Alguna vez explicó que la solución fue encontrar al narrador, que por primera vez era él mismo, en condiciones de pasearse al derecho y al revés en el tiempo estructural de la novela. Asimismo, utilizó una técnica de reportaje, aunque en la novela ya no quede del drama mismo o de los personajes sino el punto de partida, su esqueleto. Los personajes, tal como se lo pidió su madre, no llevan su nombre verdadero ni la descripción que se hace corresponde al lugar, pues todo está traspuesto poéticamente.

El autor de Cien años de soledad ha reconocido: “Al cabo de treinta años, descubrí algo que muchas veces se nos olvida a los novelistas: la mejor fórmula literaria es la verdad”. La tercera muerte de Santiago Nasar fue el libro publicado en 1987 por el hermano menor del autor, Eligio García, a través del cual se convierte un hecho rural no infrecuente, salvo por el desenlace, en otro de dimensiones míticas. Y representará, esencialmente, la materia prima de Crónica de una muerte anunciada.

Por otra parte, en la novela la cronología ha sido condensada: en vez de los tres días de la realidad, los hechos de la Crónica transcurren en 24 horas. A diferencia de las novelas de suspenso donde el desenlace de la historia se revela al final, en el libro de García Márquez, desde la primera línea ya se advierte que habrá un crimen y se da el nombre de la víctima. Una y otra vez, el relato da vueltas en torno al momento de la muerte; a medida que se avanza en la lectura, se incorporan detalles que antes no parecían relevantes pero que después serán fundamentales. A diferencia de lo que ocurre en la versión de Eligio García, lo que sucede entre los novios durante la noche de bodas es deliberadamente omitido.

Hay un último detalle revelador que García Márquez solía añadir en la mayoría de sus libros: la violencia, como acontecimiento inevitable, congénito del relato: “En América Latina, y principalmente en Colombia, la violencia es un fenómeno de toda su historia, algo que nos viene desde España. La violencia es la gran partera de nuestra historia”, dijo.

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