cultura

Un paraíso construido sobre un pantano

Venecia es una ciudad ubicada al norte de Italia, que ejerce una fascinación irresistible por su milenaria historia y el encanto de sus veredas y canales.

En Europa la vida discurre con naturalidad en ciudades que son monumento histórico, patrimonio de la humanidad. La gente camina sobre calles milenarias y se distrae tomando sol en veredas antiquísimas. Sin embargo, entre todas esas ciudades, hay una que, si estuviera en nuestro continente, estaría vallada por miles de carteles que cerrarían el paso a un sinnúmero de intrusos. Es un destino intachable y hace sentir a cualquier turista un poco torpe: si no fuera por los intrusos, todo sería impoluto.

Venecia se extiende sobre un conjunto de islas que emergen de una interminable laguna que oscila entre tierra firme y mar abierto. Fundada en el año 421, los primeros habitantes del Véneto, expulsados por los ostrogodos y lombardos, arribaron a este ignoto pantano de la desembocadura del río Po y construyeron lo que parecía imposible, un hogar. No obstante, su privilegiada posición geográfica, entre marismas y aguas cenagosas, le otorgó una gran independencia ­respecto de sus potenciales invasores. Incluso el hijo de Carlomagno se vio obligado a retirar sus naves después de tropezar con los obstáculos que dicha fortaleza ofrecía a la navegación.

Construidos encima de pilotes para protegerse de las inundaciones, los palafitos que erigieron sus moradores fueron gradualmente convirtiéndola en una de las ciudades más maravillosas del mundo. Su calle principal es el Canal Grande, por el que cada día transitan numerosas embarcaciones que atraviesan la ciudad. La plaza San Marcos, de la que alguna vez ­Napoleón dijo que se trataba del “más bello salón de Europa”, es el punto más bajo de la ciudad. Aunque resulte fascinante, la amenaza de las inundaciones cada año resulta más temeraria para los cimientos de casas y edificios. Sin ir más lejos, en noviembre de 1966, Venecia sufrió una gran inundación: los ríos Piave, Brenta y Sile comenzaron a desbordarse hacia la laguna y provocaron una marea que alcanzó los 194 centímetros, cubriendo la ciudad casi por ­completo.

A propósito de su debilidad estructural, alguna vez el principal ministro del rey ostrogodo Teodorico, en un intento de asegurarse su lealtad, les advirtió en una epístola: “Vivís como las aves marinas, en hogares dispersos. La solidez del terreno sobre el que os asentáis solo se sustenta sobre acacias y mimbreras, a pesar de lo cual no dudáis en enfrentar vuestro frágil baluarte a la saña del océano. Vuestras gentes cuentan con una inmensa riqueza en la pesca, suficiente para abastecerlas a todas. No hacéis distinciones entre ricos y pobres; vuestros alimentos son los mismos, y vuestras casas parecidas entre sí. Toda vuestra energía va a parar a ­vuestras salinas; en ellas reside vuestra prosperidad y capacidad para adquirir aquellas cosas de las que carecéis”. Finalmente, en el siglo VI, el general Belisario conquistó Venecia. Bajo la protección del Imperio Bizantino, pasó a depender administrativamente del exarca de Rávena.

Desde hace décadas, Venecia amenaza cambiar de manos y convertirse simplemente en un complejo turístico. Se trata de echar a los nativos para convertir a la ciudad en una isla con palacetes para ricachones. El mercado exige echar a los inquilinos y vender sus propiedades; el gobierno impone feroces rentas para la restauración, pero concede solo un porcentaje de los gastos. La mayoría de los propietarios, gente de trabajo que heredó sus viviendas, nunca estuvo en condiciones de cumplir las ordenanzas. Las grandes empresas, sí: compran, restauran y expanden su negocio.

Morir sin dolor

Venecia ha ejercido una poderosa atracción en muchos artistas. En esa ciudad nació Antonio Vivaldi, murió Richard Wagner, Igor Stravinsky pidió ser enterrado y Thomas Mann ambientó una de sus novelas más famosas.

En un cuento de Osvaldo Soriano, titulado El detective Giorgio Bufani y la muerte en Venecia, le hace decir al protagonista, que era veneciano: “Thomas Mann puso acá su personaje porque sintió algo que nosotros sentimos siempre. Venecia es el único lugar del mundo donde se muere sin dolor”.

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