No es ningún “Final”, avisa Independiente, es punto y seguido para renacer en el Nacional

Ahí estaba el fútbol, un sábado, con sólo tres partidos, sin hinchas del visitante, con mucha televisión y poca diversión. Con mentes olvidadas por completo de la salud, de la familia, de los actos políticos, de los convencionalismos, hasta de las promesas de no volver a caer en algún vicio... Todo va ahí, parece, en 90 minutos.

Como en una plaza de toros, muchos acudieron al estadio del CAI a ver rodar cabezas. San Lorenzo, otro grande en horas bajas, asiste en silencio, sólo metiendo ganas. Y así se consumió la vida del primer tiempo, con dolor de cabeza por pensar tanto “en los resultados”… incluso los de esta escuela futbolística, que más pregonan el estilo que el exitismo (pero también ellos cayeron).

San Martín de San Juan, como un fantasma, sopló con el viento y se quitó ese hueso duro llamado Estudiantes. Un gol facilitado por el propio arquero Pincha, levantó los ánimos cuyanos y tiró por la borda las almas del Diablo y los Bichos Colorados.

La cantidad de clubes que se abrieron en el país con tu nombre, Independiente. La cantidad de fotografías impresas en aquella “Goles”, con los goles de Ricardo Bochini y la gorra de “Pepé” Santoro. No, no es nada esta tarde, convencete, che Rojo.
Tomando un mate en la redacción, se viene la inspiración de que “un descenso es una fiebre, al final pasa rápido y termina ayudando al ‘organismo’ de los clubes que se reciclan un poco”.

Otro comentario va más allá, hacia los misterios de la Creación: “lo de Independiente es karma, porque tanto ha gozado con lo que sufrían los otros por tantos años, que ahora se le volvieron en contra todos”.

A los 19’ Jorge Luna le “informa” desde San Juan que este 15 de junio significará su primer descenso de la historia, sí. Y mire como estará echada la suerte, que hasta ese pelotazo se le escurrió de los guantes a un arquero que llevaba 588’ sin recibir goles: Rulli (apellido de connotación racinguista de los años sesenta).

Recuerdo a un uruguayo fana del Rojo que veía con emoción cómo la gente se llevaba las butacas en aquel último partido cuando cerraron la Doble Visera. Eso debe haber sido todo lo contrario a una bendición, pese a los festejos por el “progreso”: se cerró el glorioso campo, el primero de cemento de Sudamérica, para darle paso a éste donde están viendo y escuchando cosas extrañas.

Como el gol del ecuatoriano Anangonó, para oscurecer de golpe la poca luz que quedaba. Iban 10 del segundo tiempo de aquel cabezazo en La Paternal. Y pegadito el gol de San Lorenzo, Correa a los 14 del complemento, con un remate precioso, casi un pase a la red.

De los tres que no querían descender, ganaban dos y perdía únicamente Independiente. El “tercer descenso” se definirá en la última del Torneo Final.

Pero aunque el mundo esté tan negativo y sólo pareciera “vivir” cuando ve sangre ajena, no estamos para caer pesados sobre la prestigiosa camiseta. Queda el espíritu de sus hinchas, de los que se contagiaron de tanto fútbol y hoy no pudieron contener las lágrimas del amor (no de la derrota). Y porque el fútbol tiene esa condición de atraer amigos, aunque uno los deje de ver, están presentes… Como aquel fotógrafo Daniel que solía pegar un grito para cerrar toda charla futbolera: “¡con el Rojo siempre adelante!”. También hoy, donde empezó a gestarse la vuelta.