cultura

Charly García, el oído absoluto de la música popular

Su historia forma parte de la etapa más luminosa del rock argentino. Fue alguien con un talento indiscutible, que siempre caminó por las cornisas de la vida con una canción en las manos.

Carlos Alberto García Moreno nació en el seno de una familia adinerada. Su padre era físico y matemático -en la década del 50 fue uno de los dueños de la primera fábrica de revestimientos del tipo fórmica en el país-. En cuanto a su madre, Charly a veces abusa de la ironía para referirse a la relación que tuvieron: “No recuerda a qué hora nací, porque en ese momento estaba ocupada en cosas más importantes”.

Desde chico tuvo un don natural para la música. Empezó a tocar solo, buscando melodías en un pianito de juguete. Cuando cumplió 5 años, empezó a estudiar piano en el Conservatorio Thibaud Piazzini, de Caballito. El 24 de octubre de 1964, un día después de cumplir 13 años, dio su primer concierto: interpretó una obra de Chopin ante una platea de amigos y familiares. Todos estaban convencidos de que su vida y su carrera musical estarían signadas por la música clásica y las lujosas salas de concierto. Pero una tarde escuchó por primera vez a Los Beatles, y el mundo comenzó a girar en sentido contrario.

Tras la fugaz experiencia de To Walk Spanish, donde interpretaba canciones en inglés, decidió formar Sui Generis, junto a Nito Mestre y Carlos Piegari. Por aquel entonces, Charly ya había dejado la casa familiar para instalarse en una pensión en Aráoz y Soler. Vendrían tres discos, la despedida en dos funciones con el Luna Park colmado, La Máquina de Hacer Pájaros capeando los años de la Dictadura a medias con Serú Girán (la superbanda que formó con David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro), y luego una rutilante carrera solista en la que desplegaría todo el desenfreno y el genio que lo volverían un creador único en la historia del rock nacional.

Solo habla de su carrera si se le pregunta y, aun así, casi nunca tiene mucho para decir. Ha otorgado cientos de entrevistas, pero todavía reniega de ellas: “Siempre me vienen con preguntas. Bah, yo sé lo que me van a preguntar. Me preguntan por qué, por qué, por qué. Y siempre digo lo que tengo que decir: si es que soy diferente, soy muy diferente. Si los diferentes fueran más que los normales, lo normal sería ser diferente”, le respondió alguna vez al periodista Rodolfo Braceli.

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Un artista como él vivió lo excepcional con la mayor naturalidad del mundo. Viajar, hospedarse en grandes hoteles, disponer de autos lujosos con choferes, sentir a sus pies la high society y el clamor de las multitudes. Supo que “el lujo es vulgaridad” mucho antes de que lo contara el Indio Solari. En cambio, le sacudía el alma desde las raíces encontrarse con Diego Armando Maradona: “El tiempo puede ser una jugada de Maradona. Yo me identifico con Maradona y Maradona se identifica conmigo. Los dos somos puro misterio”. Diego alguna vez dijo en un programa de televisión que si tuviera que nacer otra vez, quisiera ser Charly García. Por su parte, Charly se miraba en Diego con más claridad que en un espejo: “Maradona en la cancha no piensa, es. Es. Cuando le pasa la pelota a alguien, porque le dio la onda, el elegido no cree que la pelota le va a caer exactamente en los pies. Pero allí le cae. Y con mis canciones también pasa eso. Piensan que estoy paveando con los teclados, pero estoy en un proceso que no puedo explicar. Porque si lo pudiera explicar, plaf, se terminaría el truco”.

Cuando falleció Maradona, Charly escribió de puño y letra unas palabras bellísimas: “Nunca me voy a olvidar de nuestras charlas. Cuando te pregunté qué título le pondrías a tu segundo gol a Inglaterra, al toque me respondiste: Miré el arco y esquivé patadas. Siempre me alucinó tu humildad y tu capacidad de ver las jugadas antes que todos. Espero que estés en el club de los 27, con Kurt Cobain, Brian Jones y gente buena. Esperame ahí. Invita la casa. Ojo, no te olvides y no te confundas con el paraíso. No te equivoques”.

En 1996, editó su disco solista más emblemático: Say no more, que fue lanzado al mercado desde su propio sello discográfico. Allí está entero: la capacidad para llegar al nudo emocional que solo alcanzan los grandes compositores y, a la vez, la candidez de un chico que se encuentra con un amigo de la infancia. Virtudes que llevó a decir a Joaquín Sabina: “Charly es muy grande. Es Los Beatles de Argentina”.

Charly García no quiere irse de este planeta sin saber por qué estuvo aquí. Al respecto, se formularon varias teorías. Sus fanáticos afirman que vino con una misión, para curar, para hacer el bien. Pero él mismo, que tantas veces insistió en sentirse fuera de la “irrealidad”, usó una metáfora más precisa: “Con mi música soy capaz de elevar techos, porque los techos ahogan, aplastan a la gente”.

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