Cultura

Tres miradas sobre Arturo Jauretche: Perón, Borges y Sábato

Sociólogo, abogado, periodista, alguna vez también poeta, este hombre nacido en Lincoln puso al desnudo el “medio pelo” y denunció como nadie a “los profetas del odio”.

Desde el 17 de octubre de 1945 Arturo Jauretche adhirió al peronismo. Diez años antes, junto a otros militantes de la causa nacional, había fundado Forja (Fuerza Orientación Radical de la Joven Argentina). Desde 1949 a 1950 presidió el Banco Provincia.
Si bien tuvo una relación por momento conflictiva con Juan Domingo Perón, siempre lo apoyó, críticamente, y manifestaron públicamente el respeto recíproco que se prodigaban.

El 10 de abril de 1969, desde Madrid, Perón le escribió una carta que le hizo llegar por medio del doctor Jerónimo Remorino, quien había sido canciller durante el primer go­bierno peronista, manifestándose como un seguidor consecuente de la prédica patriótica de Jauretche: “Tan elocuente como constructiva, y eficaz, especialmente en estos momentos en que la pobre Argentina está tan necesitada de verdades”.

Sostenía el estadista que Argentina tenía que superar divisionismos y enfrentamientos estériles como única manera de alcanzar la necesaria unidad: “Que nos permita enfrentar a la línea antinacional que domina”. Subrayaba el rol jugado por el autor del Manual de zonceras argentinas, que acababa de ser publicado: “Usted ha sido siempre un hombre de esa causa y le honra el hecho de que aún permanezca en la misma trinchera, en la que también seguimos luchando nosotros”.

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Sobre amistades y discrepancias

Las diferentes maneras de comprender el peronismo fueron motivo de controversia entre Arturo Jauretche y Ernesto Sábato, tal como surge en Coincidencias y disidencias al calor de una amistad, que integra el tomo 1 de Las polémicas de Jauretche. No obstante, siempre prevaleció entre ellos el respeto y el afecto. Los podían separar las discrepancias, pero más los unía la pasión por este rincón del mundo.

En agosto de 1973, Ernesto Sábato escribió un texto titulado “Qué lindo ejemplar de argentino este Arturo”, que fue publicado en el número 5 de la revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano, en el que defiende a Jauretche de los que lo atacan por hacer diagnósticos sociológicos sin tener título habilitante: “Es un montonero de las ciencias sociales, lo que explica sus irregularidades pero también sus aciertos, su capacidad de improvisación, su salida por donde menos se espera. El hombre formado en la academia fija su posición con brújula y sextante; él, como los baqueanos de otros tiempos, se agacha, mastica un pastito, observa para dónde sopla el viento, discrimina la huella de un animal que pasó por allí una semana atrás”.

Ese es el valor de la filosofía de la historia que fue construyendo Jauretche, con esa ironía socarrona que era su rasgo distintivo. La mezcla de Karl Marx y el Viejo Vizcacha, eso le admiraba Sábato. Pero no solo eso, también le agregaba “su coraje a prueba de balas, su desaforado amor por esta tierra y su pueblo, su poner la dignidad de la patria por encima de cualquier cosa”.

El pensador argentino y la tradición

Arturo Jauretche decía que Jorge Luis Borges era como el pato: “Vuela lindo y camina feo”. Le admiraba su destreza para imaginar grandes relatos, y le irritaba su comprensión de la realidad nacional.

Jorge Luis Borges prologó el libro El paso de los libres. Relato gaucho de la última revolución radical, en el que Jauretche rememora en verso la rebelión de 1933 contra la dictadura de Justo. Ese libro, escrito en clave gauchesca, según Borges iba a merecer “la amistad de las guitarras y de los hombres”. Era la época en que el autor de El Aleph saludaba a la revolución rusa, ensalzaba la figura de Rosas y vindicaba la idea de “patriada” como uno de los rasgos heroicos de nuestra América: “Sus hombres corren el albur de la muerte, de una muerte que será decretada insignificante. La muerte, siéndolo todo, es nada: también los amenazan el destierro, la escasez, la caricatura y el régimen carcelario”.

Ubicaba en ese prólogo a Jauretche en la genealogía de José Hernández e Hilario Ascasubi: “La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para Jauretche”. Con los años, Borges fue olvidando ese prólogo, y se cuidó mucho de volver a mencionar al pensador nacional.

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