La Plata
Viernes 23 de junio de 2017
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La Educación en manos de Corach

Alejandro Finocchiaro, Director General de Cultura y Educación bonaerense, es un viejo conocido del exministro menemista famoso por la servilleta judicial. Los vínculos de una socia del funcionario con el vaciamiento de una maderera en Tierra del Fuego

Carlos Corach, el exministro del Interior famoso por haber escrito frente a Domingo Cavallo una servilleta con los nombres de los miembros del Poder Judicial que respondían al menemismo, parece volver a la palestra política de la mano del Director General de Cultura y Educación, Alejandro Finocchiaro, un hombre que tendría estrechos vínculos con el exfuncionario menemista.

Abogado con un paso por la docencia en la UBA y la Universidad Nacional de La Matanza, Finocchiaro supo estar al servicio del gobierno de Carlos Menem en los años ’90, de quien fue un defensor a ultranza y donde supo entablar relación con la familia Corach, principalmente con su hijo Hernán, un abogado con aceitados vínculos con dirigentes del PRO.

El estudio jurídico de la familia Corach, que comanda Hernán, controló durante mucho tiempo el fideicomiso de recuperación crediticia del Banco Provincia, habiendo recibido importantes honorarios por servicios que habría prestado al propio fideicomiso como así también a otras áreas de la Provincia, especialmente en el rubro seguros.

El vínculo de Finocchiaro con el menemismo se remonta al apoyo que dio al riojano en su reelección en el año ’95, y muchos incluso recuerdan como era una de las personas que impulsaban el ansiado proyecto de la re-re que elevó el ultramenemismo hasta último minuto.

Socios peligrosos

En el año 2001, Alejandro Finocchiaro fue fundador de la firma Compañía Inversora Central S.A. en sociedad con Gabriela Viviana Aragona, una abogada con crecientes relaciones con el mundo político y la familia Corach, y que se encuentra involucrada en el vaciamiento de un aserradero en la provincia de Tierra del Fuego.

Aragona, que actualmente posee un cargo en la Auditoría General de la Nación (AGN), que conduce el inefable Ricardo Echegaray, fue una de las representantes del aserradero Bronzovich Hermanos SRL, de la cual hoy es gerente suplente, que actuaba en el terreno más austral del mundo, que cerró sus puertas y dejó a todos sus empleados en la calle.

Con más de cien empleos directos, la industria era la principal fuente de trabajo de Tolhuin, una pequeña localidad de 3.000 habitantes ubicada al norte de Ushuaia y en donde Aragona y Hernán Corach, otro viejo conocido de Finocchiaro, fueron los interlocutores para un supuesto vaciamiento de la empresa que terminó en la quiebra.

La situación resultó angustiante, más que nada porque se dejó a la intemperie a 100 familias que vivían dentro de los terrenos del aserradero, lo que motivó también el cierre de la escuela “Entre Ríos” de Lago Escondido y que dejaran de funcionar las casas que habitaban sus trabajadores, así como el gas, la electricidad y el agua con la que realizaban sus tareas, ya que todo ello dependía de la empresa.

Según recuerdan en Tierra del Fuego, Aragona y Corach fueron quienes llevaron la voz cantante de la firma en su proceso de desmantelamiento y los que implementaron un sistema de despidos que terminó con la destrucción de la principal arma de trabajo de la región.

Socios poco recomendables para un funcionario público que busca entablar la relación con el sector docente en la provincia de Buenos Aires, y que muestra un pasado ligado a personas que supieron instrumentar las reglas neoliberales a rajatabla en el país, aumentando la pobreza y la desocupación a límites inimaginables para la Argentina.

Todo queda en familia

La llegada del siglo XXI, encontró a Alejandro Finocchiaro como decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Matanza, cargo desde el cual supo dispensar favores especiales hacia la familia Corach.

Según cuentan a Hoy desde la unidad académica, en el período en que estuvo a cargo de la misma, los socios del estudio que dirigió Carlos Corach y hoy conduce su hijo Hernán, entraron como cuerpo docente estable de la facultad en las materias más importantes de la carrera.

Además, aducen que desde su lugar de poder, habría sabido cooptar para su emprendimiento político a cientos de alumnos en base a contratos con la unidad académica.

Eso va en consonancia con las clases que solía brindar como profesor en la Facultad de Derecho de la UBA, en donde Finocchiaro es recordado por enseñar que la ética y la moral poco tenían que ver con el desarrollo de la política y la abogacía. Además, era un clásico que no aceptaba críticas de alumnos a sus mensajes, mandando a callar cualquier voz opositora.

Un cuento de espías

El encargado de la Educación en el gobierno de María Eugenia Vidal, tuvo un paso por demás polémico por el Ministerio de Educación porteño, donde llegó como colaborador del exministro Mariano Narodowski, siguió con Esteban Bullrich, y recaló en la provincia en la administración de Cambiemos.

La controversia llegó luego de que Finocchiaro introdujera a trabajar en la cartera educativa de la ciudad de Buenos Aires al exagente secreto de la Policía Federal y Metropolitana, Ciro James, con quien había mantenido una relación por tareas de asesoramiento en sus años como decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Matanza.

El escándalo por las escuchas ilegales emprendido desde distintos ámbitos del gobierno porteño, entre ellos Educación, llevó a que Finocchiaro debiera rendir cuentas a la Justicia por su accionar y por haber sido el nexo clave para que James llevara adelante sus actividades desde la cartera educativa sin ninguna clase de problemas.